lunes, julio 14, 2008

Comentario a Vistazo Crítico 49: el asesinato de la artista Pipa Bacca.


Raúl Naranjo. performance Ofertorio.


Ricardo, leí tu artículo sobre la artista pipa bacca, y encuentro un error sobre mi trabajo, en la acción llamada cruzado, presentada en museo de arte contemporaneo de bogota en el año dos mil, si, me corto el pecho con unas flechas, cuatro en total hasta formar una cruz (aunque se habría detenido cuando alguna de ellas llegará a la falda de la chica suspendida), mas el contenido de dicha falda no es sangre, la acción, estaba dada para quienes estuvieran presenten, cuerpos vivos que estaban casi en contacto con la experiencia de la acción. yo lanzaba mi cuerpo en la sangre hacia ella, luego caia sobre mi, mertiolate, mercurio cromo, que lavaba mis heridas.
soy conciente de que hablo poco, que escribo de una manera muy sencilla y de que la imagen que provoco habla, habla por mi, me completa y suele solía ser muy de crónica roja la impresión; ahora, no intento cambiar lo que de mi se puede pensar, lo hecho es un hecho, mas, labores tan valiosas como la que tu desarrollas, mantienen en la memoria de las personas, labores como la mía.
en "cruzado" hablaba de una sanación, de acto que me aprecía romántico, maltratarme y buscar alivio en ella que yo mismo había subido al cielo. casi todas mis acciones hablan de lo mismo, la violencia y el deseo (o el amor, la relación con el otro), y cada acto sucede al otro como un gran performance en capítulos, la reflexión parte del mismo punto, estoy vivo.
de todas formas gracias por incluirme en el artículo, me deja inquieto lo que ha pasado con esta mujer, creo que no hay límites, el conflicto ya no se resolvera sino de manera simbólica, mediante esos actos.

un abrazo,

Raúl Naranjo Luna.
Barcelona


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Vistazo Crítico Transversal 22: Incendiado el corazón.


Incendiando el corazón
Post-performance
Por Dioscórides

Taller Experimental: La estructura del cuerpo y del vacío.
Escuela de Artes Plásticas.
Universidad Nacional de Colombia.
4 de Julio de 2008. Año de la rata.

Dioscórides fue internado de urgencia durante 3 días en una clínica
especializada en el corazón para realizarle exámenes múltiples, al
final de los cuales fue dado de alta por buena salud. Recordando la
tradición oral, regresó a la academia para mostrar la herida de la
afortunada falsa alarma, mediante un relato-performance.
La acción inicia desvistiéndose y postrándose sobre un papel colocado
en el piso. Allí traza un círculo con pólvora de cacería.
Después, relata sus observaciones en la ambulancia, la sala de
urgencias, en el cuarto, y durante los exámenes, pruebas, y escaneos
del corazón. También sus reflexiones.





Mientras despliega el kit de aseo hospitalario, y se coloca la
parafernalia clínica de oxigenación, da cuenta de la indefensión
del cuerpo frente a la mirada médica, y de la amenaza de la
enfermedad como metáfora. Además, de su fragilidad ante el espejo
por la verificación de una imagen corporal invertida, cuyos esfuerzos
de camuflaje paradójicamente lo hacen más visible ante la muerte.
Su reflejo en el espejo de la clínica, le permitió percibirse como un
autorretrato mutante al que le hace falta dar y recibir más caricias y
abrazos, amar más a la familia y los amigos, hacer más el amor,
inventar más memorias para dibujar, contar y escribir; enseñar arte
para el corazón, y hacer taichi más lentamente para espantar
enfermedades y poder disfrutar la naturaleza con los cinco sentidos
más despiertos.

Luego, en silencio, usa el dedo para trazar dentro del círculo de
pólvora otro círculo de color rojo sangre.
Al interior de los círculos escribe con tinta y pincel el carácter
chino de corazón. Debajo traza los ideogramas que se usaban en la
antigüedad para representar la víscera motora.
Esa acción delinea su actual rememoración y pálpitos de
su viaje a China hace 24 años, donde permaneció durante mil y una
noches en el corazónn del dragón.

Toma un espejo para cambiarle el ángulo a la mirada, desde el piso al cielo.
Finalmente, para conjurar males y sustos, y darle fuego a un nuevo
corazón, enciende el círculo de pólvora. La llamarada lo invisibiliza
momentáneamente. Sobre el papel queda la huella del fuego,
configurando un nido que encierra el ideograma del corazón.

El maestro se levanta, se viste, y recoge lentamente los objetos desarmando la instalación.

El trabajo de taller sobre El cuerpo y el vacío continúa.
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Este texto va acompanado de una Presentación con 25 imagenes especulares.
Fotografias: David Mahecha///////////Espejos: dioscórides.

lunes, julio 07, 2008

Vistazo Crítico Transversal 21: Sobre la muerte de la pintura.



SOBRE LA MUERTE DE LA PINTURA

Por Alonso Jimenez*

La existencia del hombre a la manera de una burbuja, expande su tensión superficial pareciendo estallar en cualquier momento, los advenimientos dentro de esa burbuja imaginaria llegan con un solo rótulo: depredación, Oswald de Andrade lo llamó antropofagia.

Queriendo llevar todo al límite, nos hemos arriesgado en terrenos peligrosos, bebiendo de patologías posmodernas cobijadas por la ética del consumo y el espectáculo on line, donde hacen presencia ciertos espectros anudados a la ficción; muchas de estas ficciones están haciendo metástasis en lo real y nos ponen en una encrucijada en la que el valor de la representación queda en entredicho. Para el efecto, consideremos en caso del caníbal alemán Arwin Meiwes y su socio de goce Bernd Jurgen y el clímax del acto bárbaro puesto en la red al servicio del goce o la imaginación aberrada; nada nuevo si volvemos la mirada a Treblinka, para ver el totalitarismo de una estética enajenada, gracias a la propaganda nazi.

Mucho de lo que conocíamos ha entrado en un momentum de excitación destructiva, en un panorama desolador, cada vez más xenófobo, donde razonar pareciera inútil y esperar tranquilamente todas las muertes predichas por gurús, en medio del desánimo y la angustia, entre ellas la del arte, sería la felicidad de aquellos.

La pintura atravesada por las mortificaciones humanas, no se escapa de este paisaje encerrado en nuestra burbuja, también ella está marcada por los malestares que afloran desde el oscuro sillón de los significantes amos y sus maquinarias ideológicas; repercutiendo en masas de artistas sutilmente acoplados a maniobras disparatadas. No implica esto que el malestar llevado a cuestas por el amo diabólico, tenga nido en la estructura total de la humanidad, prueba de ello es que el gran desajuste impersonal del que se han apropiado los legitimadores de la violencia como parte de su lenguaje, inevitablemente se esté agotando en propuestas subordinadas al porno visual con cadáveres o sadomasoquismo disfrazado de plástica.

Mientras muchos artistas como Bedia, Kuitca o Barceló producen en el campo de la pintura y se manifiestan a la par con nuevos medios, esta parece haber caído en el abismo tendiendo a perderse por carecer del rigor que aparentemente si posee la retórica contemporánea y la sofisticación del concepto puro, así este carezca de técnica. Otros por que no tienen el talento para pintar, se apresuran a construir un sarcófago, únicamente falta el tiro de gracia al viejo lenguaje moribundo, pero no aparece el verdugo.

Esta muerte, dada como un hecho inevitable en el arte, es temeraria; con la desaparición reciente de uno como Picasso, matar la pintura es extirpar el ojo de la memoria universal diagnosticándole erróneamente un cáncer que era conjuntivitis; pero antes de extender el sufragio hay que razonar para ver si la pintura es un simple cascarón estético sofocado por la imitación o si es un lenguaje empobrecido, cuya falsificación de las ideas muestra el desatino de la mirada y no se necesita o le estorba a la civilización del placer, el malestar o el disfrute on line, negada a los puentes ontológicos.

Si un lenguaje como la pintura se trivializara hasta reducirlo a arcaísmos, todo acto creativo sería introducido en una turbulencia de visiones aparentes y sin valor, los significados perderían el peso del sufrimiento humano hasta convertirnos en simples caricaturas de la naturaleza. Así, una aguja inventada por una artista odontoquerática de las cavernas no tendría ningún valor y más poderoso en términos simbólicos sería una aparato electrodoméstico adornado por el comercial de televisión con la modelo armada de silicona, visto en el mundo de ilusiones artificiales, de hipnosis y de hartazgo veloz, donde el efectismo no da cabida a una obra como La Crucifixión de Mathis Grunewald.

Pero ¿ cuál es la región inesperada de la pintura en el que hablar de su muerte resulta un grito mudo ? simplemente donde habita su nivel de autoconciencia y contenido total; allí donde ella misma crea la ecuación de su tiempo, así como Goya o Fuseli en una sola pesadilla resolvieron la obsesión y el desenfreno de su juicio. No es que la pintura muera, mueren las células artificiales, pero su carne engendrada en Altamira, sigue en el dispositivo de la imaginación.

La pintura pernoctará en el túnel de cada época, inagotable como el museo de Malraux, acomodada al lado de las creaciones de Galois, Pitágoras o Aimé Césaire, revelándose a quien tenga el corazón dispuesto. Ella es el continuo

“ REGRESO A” (1) de Picasso a Velásquez (2) o de Duchamp a Davinci (3). Siempre será la pintura la mirada seductora, el objeto con la dimensión del brillo en la obra de Pancho Goitia en México o de la artista sirvienta María Zambrano en Colombia. Indescriptible en sus contenidos más profundos, en el dramatismo de destrucción total de una forma o un símbolo, de cárcel del fantasma más cruel de la realidad, de vacío o de concreción de la muerte en un cuadro de Sívori.

Quien mata ha agotado la frontera de su capacidad e inteligencia, no olvidemos que el interesado en matar busca el placer en la no realización del otro, ansía la dominación por medio del mecanismo de la ausencia; por eso, superar la muerte es dar el paso supremo de lograrse a sí mismo, en definitiva es existir por encima de las frustraciones del verdugo y vivir sin las culpas que estos heredan. Por tanto, es inusitadamente extraño que la humanidad se paralice perpleja ante sus actos y con el tiempo misteriosamente recapacite tratando de descubrir lo que la razón le enseña como equívoco, no olvidemos a Cézanne o al legendario Henrick Abel.

Es la dimensión de la violencia la que angustia al hombre; angustia que no es miedo, sino el espejo del horror y el drama del que ha matado, pero todos no estamos sujetos a ese espejo, pues, muchos desde nuestra cosmogonía razonamos creativamente, como uno que se vio en los ojos del diablo y no sucumbió, PRIMO LEVY quien decía a propósito de una obra en
la Llave Estrella:

“ En la ventaja que se supone poderse medir, el no depender de los demás en el medirse, el verse reflejado en la propia obra. En el placer de ver crecer una criatura tuya, plancha tras plancha y perno tras perno y una vez terminada la miras y piensas que tal vez viva más tiempo que tu, y que tal vez preste servicios a alguien que no conoces y no te conoce. A lo mejor puedes volver a verla de viejo, y te puede parecer bella, y que importa si sólo te parece bella a ti y te puedes decir a ti mismo: quizás otro no lo habría conseguido.”


notas: _____________________________________________________________

1. Término utilizado por Lacan para referirse a Freud, intervención en la Sociedad Francesa de Filosofía, 1969.

2. Las Meninas, Picasso, 1957

3. L.H.O.O.Q, Duchamp1919.

*antropólogo de la Universidad Nacional de Colombia, con estudios de Arte en el Atelier Alfredo Mosella de Gotemburgo-Suecia, expone en Colombia y el extranjero desde 1990. Ha expuesto en la Nueva Escuela Lacaniana de Psicoanálisis de Bogotá y en Buenos Aires en el encuentro Latinoamericano de Psicoanálisis. Ha intervenido con su obra en varias publicaciones de la NEL-Bogotá, actualmente dirige las intervenciones plásticas del Proyecto Teatro de Esquina.

Vistazo Crítico Transversal 20: Treinta segundos. Un vídeo de Claudia Salamanca.



Treinta segundos

Un vídeo de Claudia Salamanca


Por: Ricardo Rivadeneira
Profesor Instituto de Investigaciones Estéticas, Universidad Nacional de Colombia


Un poco más de treinta segundos fue el tiempo que tuvo Hernáldo Díaz, alcalde del Municipio de El Roble (Sucre), para explicarle al Presidente Alvaro Uribe Vélez el plan que habían tejido los políticos de su región para quitarle la vida. Generalmente las intervenciones en los “encuentros comunales” se limitan a dos minutos, sin embargo el Alcalde del Roble se alargó un poco más buscando aferrarse al poco tiempo que le quedaba de vida.

La situación se dio en medio del desconcierto del equipo de gobierno que acompañaba al Presidente de la República. Según la descripción de Juan Devis: “Hay conmoción en la sala, la delegación presidencial le ordena callarse, pero él insiste que si no le ayudan y le prometen algún tipo de seguridad, sus días están contados. Treinta días después de su denuncia, el alcalde de El Roble, Hernaldo Díaz es asesinado”[1].

Sin duda, el vídeo que Claudia Salamanca nos propone es algo más que un simple ejercicio visual hecho a partir de un registro que fue televisado en directo[2]. No es precisamente un poema visual como los de Bill Viola ó un regodeo experimental como los realizados por Nam June Paik; no pretende utilizar la imagen religiosa como forma de expresión a lo José Alejandro Restrepo, tampoco se trata de avivar la llama del acontecimiento escénico en la perspectiva de Rolf Abderhalden.

La obra 30 segundos no busca parecerse a muchas obras que hemos visto en la Galería Santa Fe del Planetario Distrital y que tienen en común ese deseo por jugar con la representación como forma de trabajo plástico. Si bien la obra 30 segundos no es pura presentación, sí se acerca mucho a ella.

La idea contemporánea que tenemos de la muerte es como la vida misma: rápida. Y es que treinta segundos es el tiempo justo para insinuar la presencia de la muerte, esa compañía que aparece sin avisar mucho y nos lleva fuera de este mundo. 30 segundos es el tiempo suficiente para recibir una llamada telefónica ó para leer un texto que nos amenaza, 30 segundos dura el comercial de licor o cigarrillos que nos convence de morir, 30 segundos es el momento que alcanzamos a recordar de una prueba de supervivencia de algún secuestrado, 30 segundos tardó Luis Carlos Galán en subir a la tarima en Soacha o Jorge Eliecer Gaitán en salir del Edificio Nieto Caballero, 30 segundos es el tiempo que calculamos para cruzar una avenida que nunca sorteamos; en 30 segundos transcurre la última grabación de la caja negra de un avión, aquel que se dirigía hacia un edificio que tardó casi 30 segundos en caer; 30 segundos dura el último sueño matutino, aquel donde logramos escuchar la voz del muerto que nunca nos abandona. De esta manera la muerte se parece a esa ficción que producen los noticieros a través de la edición y que nos motiva a cambiar constantemente de canales; desafortunadamente la misma ficción terrorista en la que viven mi madre, mi suegra y en general todos los miembros de la familia Colombia que comen en compañía de un noticiero[3].

Lo que nos produce pánico en el registro del alcalde Tito es que la realidad se mezcla de una manera tan certera y macabra con la ficción, pues ya habíamos leído Crónica de una muerte anunciada e incluso visto una serie de películas donde los rascacielos de Manhattan caían en medio del polvo y el desconcierto[4]; sin embargo, en un país mudo y altamente mediatizado como el nuestro, escuchar a un condenado a muerte se convierte en un acto de soberbia incredulidad. Tan acostumbrados estamos a la muerte que ya no la reconocemos cuando aparece... ¡Caramba, eso si ya es algo muy triste¡

Como a tres cuadras de la esquina mortal del Roble podemos escuchar una grabación en la que Ruben Blades canta: “Un carro pasa muy despacito por la avenida, no tiene marcas, pero todos saben que es …….Y créanme gente que aunque hubo ruido nadie salió, no hubo curiosos, no hubo preguntas, nadie lloró” [5]. La canción deja de sonar, sopla el viento cálido de las tierras del Departamento de Sucre, aquel que le rinde homenaje a un prócer muerto también en una emboscada. Nos tenemos que ir, no sin pensar que Colombia tiene en el alcalde Tito a un mártir y en la obra de Salamanca su único evangelio.



[1] JUAN DEVIS, Net Art Colombia: Es feo y no le gusta el cursor. http://www.artenlared.org/sccs/textocuratorial.pdf

[2] El vídeo se puede ver en: http://www.laclau.templeofmessages.com/pages/titospa.html, además en: http://www.perpetualartmachine.com/component/option,com_gallery2/
Itemid,50/lang,en/?g2_view=core.ShowItem&g2_itemId=83923

[3] La idea hace alusión al texto: “¡Perdón¡, pero alguien gritó, alguien lloró, realidad o ficción…No podrás cenar sin tu noticiero, no podrás hacer tu digestión…” de la canción “Sin sobresaltos” de GUSTAVO CERATI y HÉCTOR BOSIO, en, Signos, CBS, 1986.

[4] Esta idea pertenece al profesor Guillermo Santos y se explica mejor en su texto “Sobre la fotografía como una forma de predicción: una visión de la medusa”, en, Reflexiones, III Exposición y ensayos de profesores del Departamento de Artes Visuales, Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana, 2005, págs. 155-171.

[5] WILLIE COLÓN & RUBEN BLADES, “Pedro navaja”, en, Siembra, Fania Records, 1978.

martes, julio 01, 2008

Vistazo Crítico 54: Oscar Danilo Vargas.


PINTURA Y CONTEMPORANEIDAD II.

Vistazo Crítico a la obra de Oscar Danilo Vargas.


En el anterior Vistazo Crítico dedicado a la obra de Jessica Angel, destacamos el lugar que ocupa la pintura dentro del panorama del arte contemporáneo. En esta ocasión nos nos detendremos frente a la obra del artista Oscar Danilo Vargas, egresado de la Escuela de Artes de la Universidad Nacional de Colombia desde hace ya algunos años. Su producción más reciente se encuentra expuesta en la Galeria el Museo hasta mediados de julio de este año. Intentemos pues una descripción: grandes superficies de color que terminan dejando entrever un personaje que salta, que parece caer, que tira con gran esfuerzo una casa desmesurada; imagen que se repite en todas las pinturas de este artista. Fisura.Escape presenta una serie de pinturas al óleo realizadas sobre telas y mdf de gran formato, donde el artista pone de manifiesto la tensión existente entre la habitación (casa) y el individuo.

Una constante parece surgir en esos cuadros: la caída, el escape, la fisura... Lo que significa llevar la casa a cuestas, como un recuerdo de la casa abandonada por el desplazamiento, o como un recuerdo de la casa usurpada por los créditos impagables inventados en la época del expresidente conservador Pastrana, por allá en los años setentas, o como un anhelo de poder situarse en un lugar cualquiera donde la idea del habitar es cada vez más compleja: emigrar, salir, escapar, situarse en algún lugar donde el habitar sea posible; verdadera preocupación en estos tiempos. El personaje que aparece una y otra vez en sus pinturas, lucha por no caer en el vacío, ni ser devorado por esas grandes superficies de color. La casa a cuestas, reaparece una y otra vez. De vez en cuando una fisura, pintada, simulada en la tela, deja ver una luz entre la gama de grises. Esa fisura parece devenir una puerta de salida, de escape... aunque el hecho que no se sepa que hay detrás acentúa el misterio.

Veamos que nos dice el artista a propósito de esta exposición: Fisura.Escape… como la manera de poder sobrellevar los acontecimientos que a diario nos tocan. Fisuras que se han abierto para dejar entre ver el dolor de nuestra sociedad la incertidumbre del hombre contemporáneo; pero a su vez son marcas o señales para un posible “escape”. El espacio vuelve a tener protagonismo, surcado de franjas de color plano como si hubiese sufrido una fractura por donde el personaje (característico de mi obra) parece buscar una evasiva a su entorno, se siente presa de un desarraigo forzado y con su casa a cuesta pretende arrancar el problema de raíz, problema que lo inunda posiblemente desde lo institucional o lo marginal en una suerte de desequilibrio perpetuo. Su entorno se sumerge y emerge a la vez que naufraga en un paisaje incierto, como una casa flotando a la deriva. En una suerte de reubicación forzada para protegerse del latente peligro que lo circunda, sin precisar si a fuera o adentro; si el centro o la periferia le brindan una solución a su constante des-ubicación.”[i]

En efecto ese personaje lucha por no caer, su equilibrio es frágil. Y la casa en ocasiones deviene caja, apenas esbozada, dibujada. La casa-caja, las cajas de los trasteos, donde cada vez que nos mudamos llevamos lo más preciado. En ese sentido la casa deviene algo móvil, algo que siempre llevamos consigo, que embalamos y desembalamos. Caja-sueños, cajas-memorias, cajas de cartón simplemente. Esta imagen no deja de evocar otra donde los cartoneros deambulan por nuestras calles frente a la indiferencia de la sociedad. Varias lecturas se desprenden sin duda de las pinturas de Vargas, pero siempre se vuelve a un lugar común, sobre todo en una obra con tanta solidez tanto conceptual como formal.

El crítico y curador Eduardo Serrano escribía en una ocasión lo siguiente: Oscar Danilo Vargas es uno de los jóvenes artistas que se han aferrado a la pintura en esta época en la cual no sólo la pintura ha sido cuestionada por llevar supuestamente implícita una definición a priori del arte, sino que ser pintor se ha convertido en motivo de controversias por parte del nuevo establecimiento artístico compuesto principalmente por instaladores, vídeo-artistas y fotógrafos. Afortunadamente Oscar Danilo Vargas y otros pintores de su generación han tenido claro que la vigencia de una obra de arte o su contemporaneidad no es cuestión de medios ni de estilos, sino de la validez de los contenidos de las obras y de su sintonía con las prioridades expresivas del hombre actual o de la sociedad de la cual hacen parte (...) No obstante, cuando el observador agudiza su mirada y escudriña palmo a palmo la superficie de sus lienzos, descubre que esa inmensidad ambigua y ominosa se halla habitada por un personaje diminuto pero protagónico que, en cada lienzo y sea cual fuere su posición o su actitud, parece perdido, apabullado, desconcertado, sin ninguna posibilidad de encaminarse hacia un lugar seguro dentro del caos que lo circunda. Ni siquiera el bosquejo de un a casa, o de una caja, o de una “casa-caja”, que en ocasiones acompaña al personaje, parece protegerlo de la desconfianza y el desasosiego que le impone, a esta porción figurativa de sus obras, el contexto gestual, intuitivo, y mayormente grisáceo en que se desenvuelve.”[ii]

Ahora bien, su obra no se limita a la superficie bidimensional. Basta con ver la instalación donde la casa cobra forma y sale de la pared, como insistiendo que la pintura puede ser escultórica. Estas piezas me recuerdan los tapires de Nadin Ospina obra realizada al final de los años ochenta. Piezas escultóricas que luego eran recubiertas con pintura. En esta ocasión la casa sale definitivamente de la superficie del cuadro, de la pared, para configurarse en el espacio. Esas casas de madera, adquieren las mismas atmósferas, que las telas. Una obra que vale la pena visitar en la galería donde está exhibida o en la página web del artista, pues nos pone a pensar sobre la frágil relación del individuo y el habitar en esta época. Sin lugar a dudas la obra de Oscar Danilo Vargas, logra resolver varios interrogantes frente a la condición contemporánea del ser humano; además él nos demuestra que para ser artista contemporáneo no es suficiente con asumir una técnica "contemporánea" sino simplemente pertenecer a su época, pues como hemos insistido en varias lugares, lo contemporáneo se define no por una técnica artística en particular sino por entender y comprender su época. Al menos en esos términos el filósofo Jacques Rancière lo enuncia y yo comparto plenamente ese presupuesto.

Ricardo Arcos-Palma
Bogotá
, 1 de julio del 2008.


[i] Dialogo con el artista.

[ii] Texto de Eduardo Serrano para la exposición Fluctuaciones.

Vistazos Críticos Audiovisuales cumple 7 años

Los cumpleaños no siempre son dignos de celebrarse, pero el proyecto de Vistazos Críticos Audiovisuales cumple ya siete años de existen...