domingo, febrero 08, 2009

Vistazo Crítico Transversal 25: León Ferrari tocado por Dios.


LEÓN FERRARI TOCADO POR DIOS.


El artista argentino ganador del Premio León de Oro en la última Bienal de Venecia publica un libro sobre su polémica retrospectiva en 2004.


Por Christian Padilla

Historiador de Arte e Investigador.

Premio Nacional de Historia de Arte Colombiano 2007


En 1964 León Ferrari realizó una de sus primeras obras de contenido político abiertamente anticristiano. La obra se tituló Cuadro escrito y consistía en un texto sobre un bastidor donde describía aquel cuadro que jamás podría pintar porque Dios en su afán de crear las maravillas terrenales no lo había tocado, lo había ignorado negándole la virtud de hacerlo un gran pintor como lo fue su padre. Visto ahora desde otra perspectiva tocaría dar gracias a Dios por no hacer de él un pintor más sino el gran paradigma del arte en que se convirtió. Frente a Ferrari, cuarenta años después de esa incipiente y prometedora carrera, tuve la oportunidad de preguntarle si al ser “bendecido” con la máxima distinción de la Bienal de Venecia en 2007 no sentía que Dios se había acordado de él y había decidido tocarlo como proponiéndole una tregua a su máximo opositor. En su estudio en Buenos Aires, León Ferrari a sus 88 años -edad que burla irresponsablemente con un tabaco en la boca- bota el vaho en un estallido súbito de risa y me confiesa que su pelea nunca fue contra Dios sino contra sus representantes. En todo caso a él Dios lo tiene sin cuidado (se confiesa agnóstico antes que ateo). Pero Dios si lo ha tocado –por medio de sus representantes-, lo ha castigado, lo ha censurado y le ha condenado al mismo infierno que Ferrari le solicitó a Juan Pablo II que clausurará en su santísima infalibilidad. De esa petición enviada al Vaticano en nombre suyo y de CIHABAPAI (Club de impíos herejes apóstatas blasfemos ateos paganos agnósticos e infieles, fundado por el mismo artista) no hubo réplica, pero si generó malestar en los religiosos, una cacería de brujas que se hizo evidente cuando Ferrari presentó su primer retrospectiva, exhibida en el Centro Cultural La Recoleta de Buenos Aires en 2004. De manos del mismo Ferrari tuve el honor de recibir la reciente compilación de toda la disputa originada en torno a esa exposición, la cual produjo manifestaciones en su contra, destrucción de obras por parte de religiosos, demandas judiciales, pero también debates sobre la relación entre la cultura y la religión, la libertad de expresión y el papel del Estado y sus instituciones como mediadores entre artistas y espectadores.

El Caso Ferrari (título del libro), reúne los artículos de prensa, textos inéditos, documentos legales y además describe los hechos sucedidos y las reacciones suscitadas durante los 40 días que duró la exposición retrospectiva del artista argentino. La recopilación de textos y la descripción cronológica de la polémica exposición fue liderada por quien combatiera junto a Ferrari en contra de los furibundos feligreses católicos y sus superiores, la curadora Andrea Giunta, quien se dedicó previamente a una investigación que le permitió reunir las 400 obras más significativas de la producción del artista. La prestigiosa investigadora de arte inicia la narración con la inauguración de la retrospectiva, llevada a cabo el 30 de noviembre de 2004, donde tempranamente se evidenciaron extraños eventos que prenunciarían la pólemica que iniciaría días más tarde: dos mujeres rezaban un rosario frente al Cristo crucificado en el avión de guerra estadounidense (La civilización occidental y cristiana, su obra más conocida que a su vez funge de portada de este nuevo libro). Durante los cinco primeros días de la exposición trabajadores del centro cultural y patrocinadores del evento decidieron renunciar a cualquier vínculo con la muestra. Se presentaron destrucción de algunas obras, agresión física y verbal a los visitantes, manifestaciones a favor y en contra y procesos legales que enfrentarían a la libre expresión de pensamiento encarnada en las obras de Ferrari contra abogados y líderes de la ultraderecha argentina, entre ellos juristas y patricios conocidos por sus coqueteos con el nazismo, responsables de la noche de los lápices, de crímenes en tiempos de la dictadura y afamados por sus abiertas actitudes de discriminación racial. El Cristo en el avión de guerra anunciaba hace 40 años esa posición de Ferrari frente a la reacción cristiana que la hace inconsecuente con respecto a su propia ideología: guerras y muertes ejecutadas en el nombre de Dios, ejércitos que como en Colombia enuncian en su escudo “Dios y Patria”, bendiciendo sus armas y santiguándose antes del ataque, rechazo a los medios de planificación sexual que previenen abortos, muertes por sida, pobreza y más miseria terrenal; acciones que ponen entredicho a una institución religiosa y el mensaje enviado a sus seguidores. Y curiosamente, en algún punto de esos 40 días, después de 21 años de democracia, la censura al pensamiento crítico ganó en Argentina.





El Caso Ferrari deja la impresión de que a este creador argentino su obra se le salió de las manos y empezó a crecer por sí sola hasta convertirse en un organismo independiente, en una obra que cobró vida gracias a un impulso inicial del artista porque cuando los medios comenzaron a abrir un debate masivo (debate que generalmente es exclusivo para los círculos artísticos) empezaron a suceder cosas que no se tenían previstas, entre ellas la más importante, que la Iglesia argentina se expusiera como una institución inquisidora que amenazó no solo con las llamas del infierno post-mortem sino que se encargó de alentar a feligreses a librar una cruzada en contra de los infieles, la misma Iglesia que puso el grito en el cielo indignada por la muestra de Ferrari y que el pueblo denunció por haberse callado en tiempos de dictadura o en el peor de los casos haber dado la extremaunción a los enemigos del gobierno que eran lanzados desde aviones en la Pampa. Ese organismo vivo que durante más de cuarenta días existió, se nutrió y se desarrolló gracias al debate que el libro de Andrea Giunta recopila, renace ahora reencarnado en una magnífica novela, en un diario, o en un estudio para investigadores si se quiere, porque la estructura en que es narrada permite imaginar personajes, lugares y eventos trascurriendo en un tiempo definido, así como seguir la pista de bibliografías y artículos de prensa exactos. Ese ser vivo que es registrado desde su nacimiento en este texto y que fue condenado a muerte desde sus primeros días sólo pudo ser mermado por su propio creador, quien decidió clausurar la exposición después de recibir cuatro amenazas de bomba e intimidaciones en contra de su vida. Sin embargo, la exposición viajaría durante los siguientes años a México D. F. y a Sao Paulo donde sería recibida con los brazos abiertos y, por su parte, a León Ferrari se le “beatificaría” por su destacada contribución a las artes con la máxima distinción de la Bienal de Venecia, a pocos cientos de kilómetros de las estancias de su Santidad, Benedicto XVI. A partir de esa reivindicación le propuse a Ferrari hacer una nueva versión del Cuadro escrito agradeciéndole a Dios por haberlo tocado, y aunque la sugerencia fue hecha con la sinceridad y seriedad de quien ha conocido lo ambigua que puede ser su producción, recibí otra carcajada de respuesta. Eso ha demostrado ser la obra de Ferrari, una producción de dos caras donde lo irónico, lo ridículo y lo hilarante son la fachada de una reflexión seria, crítica y mordaz que sucede en el mundo real. Enviarle una carta al Papa pidiéndole que clausure el infierno puede ser interpretado como una utopía o una provocación anticristiana hasta que se tiene en cuenta que el infierno ha sido el arma evangelizadora de la religión y que, como el artista ha señalado acertadamente, “creer en el infierno es creer que nuestro prójimo merece ser condenado porque piensa diferente… sacar al infierno de la cabeza de tanta gente le haría mucho bien a la humanidad”. El humor en su trabajo lo ha acercado a la gente con la cara contraria con la que sus adversarios se presentan: condena, clausura y castigo. Es a partir de esa amable impresión que causa el primer contacto con sus obras que recibió el apoyo general de Argentina durante una exposición que cambiaría la vida de muchos y marcaría un hito en la actividad artística de una nación.

Para la ultraderecha conservadora León no dejó de ser un artista de porquerías mientras que en los más grandes centros artísticos del mundo se le celebra como uno de los más importantes de nuestra generación, elogio que volveremos a escuchar repetidamente a partir de abril cuando el MoMA de New York presente su próxima exposición -esta vez junto al desaparecido artista brasileño Mira Schendel (1919 -1988)- titulada Tangled Alphabets.

Durante cuarenta días, afuera del Centro Cultural La Recoleta se reunían grupos de feligreses manifestándose en contra de la muestra Al otro lado de la puerta, la vida de cientos de argentinos cambio radicalmente;, algunos agradecían al artista por abrirles los ojos, otros celebraban a un creador inquieto, irónico y divertido. Varias de estas consignas a favor y en contra de Ferrari quedaron registradas en el libro de firmas que Andrea Giunta nos revela ahora, un libro que expone de este casi nonagenario creador rebelde su importancia en el panorama artístico mundial y su legado que recibimos las naciones latinoamericanas como la confrontación entre la libertad de expresión y toda forma de ocultar el pensamiento, reflexión que quedó consignada por un visitante que sentenció la máxima: “Dios hizo la luz y las tinieblas sobre la tierra, León Ferrari hizo la luz sobre las tinieblas de Dios”.

martes, febrero 03, 2009

Vistazo Crítico 64: Emergía Bogotá.


EMERGíA: un performance en las capitales latinoamericanas. Memoria.


A mediados del mes de noviembre del 2008 se realizó en las instalaciones del Museo de Arte de la Universidad Nacional, el performance Emergía Bogotá, coordinado por el artista mexicano Miguel Rodríguez Sepúlveda. El vídeo realizado durante el performance, se exhibió en una de las salas del Museo de Arte hasta el pasado 31 de enero. El vídeo que ustedes pueden consultar parcialmente en Internet siguiendo el siguiente enlace, da cuenta del proyecto de este artista mexicano que se extiende desde hace algunos años por las ciudades de América Latina. Emergía Bogotá es la tercer performance luego de haberse desarrollado en Caracas (2007) y Quito (2008). Según el artista esta performance “está compuesta por una serie de obras en la que se especula sobre la condición de los referentes culturales dentro del proceso histórico, político y social de Latinoamérica y los esfuerzos necesarios para el proceso, propiciando una serie de preguntas sobre la identidad, los destinos, las pertinencias, los resultados y los costos. Estas reflexiones se reflejan en el esfuerzo de un grupo de personas que realizan un trabajo físico aparentemente inútil y el sudor de estos que deslavan una imagen pintada en su espalda”.

En este sentido la acción plástica tiende a recoger algunos íconos locales que han quedado guardados en el imaginario colectivo; en el caso colombiano: Jorge Eliecer Gaitán, Juan Valdez, el mapa de Colombia, la paloma de la paz y Pablo Escobar. Tales íconos se pintan con tinta gracias a una plantilla, uno a uno sobre las espaldas de algunos voluntarios que el artista ha contactado previamente. Estas imágenes a causa del sudor que desprenden los cuerpos que trotan in situ por varios minutos se desdibujan, generándose una nueva imagen que tiene rastros de la primera, la cual va a imprimirse en un papel al finalizar la acción plástica.

Este trabajo es bastante interesante, pues no solamente conecta varias ciudades de nuestro continente bajo la premisa de la emergía, fuerza útil (exergía) que produce algo igualmente útil, en este caso una imagen. Los cuerpos sirven de soporte y motor para realizar unas obras en papel. Esta acción nos recuerda en algo las famosas “antropometrías” realizadas por el artista francés Yves Klein, quien utilizaba el cuerpo de sus modelos para generar impresiones en algunas telas. Los cuerpos en este caso de emergía, generan el sudor el cual se mezcla con la tinta de los dibujos impresos en sus espaldas creando una imagen que el artista imprime varias veces. Viéndolo desarrollar esta acción, no podemos ignorar el referente cristiano de la Verónica, que imprime el rostro sagrado de Jesús en un manto. Claro, en la obra todo referente religioso está excluido pero la idea de secar el sudor y dejar un rastro de ese cuerpo en una superficie blanca, nos lleva siempre a pensar en este referente cristiano.

Otro elemento que me interesa resaltar, es la conjunción de varios cuerpos, que trotan mirando una pared sin ir a ninguna parte, mientras esos íconos que habitan el imaginario colectivo de Caracas, Quito y Bogotá, se transforman en otra cosa, en otra imagen. Y ahora me pregunto ¿acaso no es ese el papel del toda sociedad? Indudablemente las ciudades y los países escogidos por Rodríguez Sepúlveda tienen una razón de ser: unidas por unas fronteras físicas pero al mismo tiempo separadas por unas fronteras ideológicas bastante fuertes. El mirar una pared en blanco mientras transformamos corriendo in situ, esas imágenes que llevamos a nuestras espaldas, imágenes de nuestra propia memoria colectiva, puede significar el mirar más allá de nuestros propios límites. Sin lugar a dudas varias lecturas pueden desprenderse de esta acción plástica, pero la que más me interesa resaltar para guardar en la memoria, es que los cuerpos hablan de unas fronteras, de unos límites que se pueden desdibujar pero solamente si se está en movimiento.

Ricardo Arcos-Palma. Bogotá 3 de febrero del 2008.

Vistazos Críticos Audiovisuales cumple 7 años

Los cumpleaños no siempre son dignos de celebrarse, pero el proyecto de Vistazos Críticos Audiovisuales cumple ya siete años de existen...