domingo, marzo 29, 2009

Vistazo Crítico 66: 35° C de Luis Fernando Ramírez.



35 °C: Vistazo Crítico a la obra de Luis Fernando Ramírez.

El premio Luis Caballero en su V versión, comienza con la exposición de 35°C del arquitecto y vocalista de la agrupación Pelanga Ligera, Luis Fernando Ramírez. Al entrar en la sala de exposiciones nos encontramos inmersos en una semi-penumbra. En el piso encontramos varios arrumes compuestos varios pedazos de rocas no muy grandes. En la pared una tímida proyección-vídeo donde podemos ver a una persona que juega con una estructura de plástico en la terraza del Planetario Distrital donde se encuentra la galería que acoge la muestra. En el vídeo podemos ver la vegetación del parque de la Independencia que circunda el Planetario Distrital. Seguimos el recorrido y nos encontramos con otro montón de piedras tiradas (perdón debería decir dispuestas) en el piso. Un padre con su familia, visitantes de este lugar como tantos otros este domingo, se pregunta perplejo: “¿Y todo este montón de piedras?” Pero su perplejidad parece disiparse cuando una estructura luminosa atrae a sus hijos que se dirigen a ella en sigilo.

Una “construcción” en madera y plástico, a manera de invernadero, encierra varias plantas en matera. Algunas de esas plantas están en flor. Nos acercamos y seguimos el recorrido por el costado occidental de la galería entre la pared y a la estructura-invernadero. Vemos una mesa que acoge una maqueta de un edificio, pero al acercarnos vemos en detalle, como ese edificio de corte modernista semejante a los planteados por Le Corbusier, es en realidad una colmena. Los niños y su madre y el ya no tan perplejo padre están maravillados: “¡Guuuaaauuu!” exclaman al unísono. Uno de los vigías de la Secretaría de Cultura y Turismo vestido con su chaleco amarillo se improvisa en guía de exposiciones y nos echa su discurso sobre la relación entre la habitación moderna de los edificios y los panales de abejas no sin antes decirnos cuidado no puede pasar señalándonos al piso una frase escrita en letras rojas que dice: “no pase”. La frustración de no poder pasar se transforma rápidamente en alivio al imaginarme que ese panal podía caer al suelo a causa de la patada de un descuidado espectador y terminar todos nosotros completamente picados.

Seguimos el recorrido bordeando la construcción nos devolvemos y vamos hacia el costado oriental: las mismas matas, las misas abejas que vuelan alrededor de las flores y otra maqueta edificio-panal protegida igualmente por un piso en gravilla y la misma sentencia pegada en el piso: “no pase”. Luego miramos hacia donde se puede pasar y vemos como una gran ventana se abre al exterior dejando entrar un fuerte halo de luz natural. Más tarde en casa ojeando el catálogo de la exposición, me doy cuenta que la estructura en plástico y madera sale a la terraza facilitando la entrada y salida de las abejas, lo que ingeniosamente Jorge Peñuela ha llamado en su texto crítico de esta exposición “la nariz del planetario”.

La exposición la vi dos veces el día de la inauguración y hoy domingo, lo que en realidad es una vez, pues en las inauguraciones uno no ve nada de nada. Volví hoy esperando experimentar algo distinto de lo que vi la primera vez, pero curiosamente mi percepción no cambió demasiado. La obra de Ramírez parece aludir al fracaso de las bondades del urbanismo moderno desde una postura ecológica:

“Un conjunto habitacional ante la imposibilidad de responder respetuosa y adecuadamente ante el entorno natural –dice el artista-, decide separarse del paisaje aislándose del terreno y cerrando las ventanas acristaladas para mantener un clima artificial. Aunque es conocido el fracaso de los postulados urbanísticos modernos, aún no hay soluciones definitivas a los problemas que las medianas o grandes ciudades producen para el ambiente y el entorno”.



Sin embargo, más allá de hacer visible esta evidencia que todos vemos todos los días: los conjuntos habitacionales de nuestras ciudades que ni si quiera tienen ni el más mínimo apego a las normas planteadas por Le Corbusier, como Ciudad Salitre o esas otras urbanizaciones que parecen más una cárcel que un complejo habitacional, a Ramírez le hizo falta más agresividad. Sus maquetas -los edificios a manera de panales del Centro Nariño, del Ministerio de Educación y el invernadero-, no son suficientes artísticamente hablando para plantear una crítica al urbanismo moderno y contemporáneo si está era la intención. Si se trataba tan solo de mostrar la cercanía entre esas construcciones y la de las abejas, pues en realidad la cosa me pareció un poco exagerada. Para acentuar lo primero, que creo fue lo que trató de hacer Ramírez en su instalación, se hubiese acudido a otras estrategias artísticas mucho más eficaces.

Quizá aquí radica ese algo que hizo falta para lograr que esta obra despierte en mí un verdadero interés. Es sólo mi punto de vista en medio de un millón. Generalmente escribo sobre lo que me interesa. Esta obra me interesa a medias por eso escribo sobre ella, pues creo que es una promesa de algo que no logró concretarse. Faltó algo; no sé exactamente que hizo falta, ni es mi pretensión rehacer la obra del artista y completarla. Pero creo que en un premio como el Luis Caballero al que se entra a concursar luego de una “rigurosa” selección, es decir ya premiados –con bolsa económica de apoyo-, merecería una apuesta más ambiciosa. Me refiero a que no es suficiente poner seres vivos (abejas y plantas en matera) en un confinamiento arquitectónico para hablar de la frágil relación humano y naturaleza desde un punto de vista artístico.

En nuestra ingenuidad de habitantes cotidianos y desprevenidos espectadores esta evidencia nos puede sorprender: “¡Guuaaaauuu!” diremos como esa familia paseantes de domingo. Pero en nuestra condición de conocedores de arte –quizá no expertos-, una obra como 35°C nos deja realmente fríos. Creo que Luis Fernando Ramírez ha demostrado unas dotes innegables como vocalista de Pelanga Ligera y, eso por el contrario no me ha dejado para nada indiferente. Al arte hay que imprimirle la misma emoción, la misma pasión, de lo contrario la cosa carece de interés. La cosa podría cambiar y mi percepción también si vemos como al final o durante la exposición las plantas se secan por falta de agua –pues como harán para regar las plantas sin que las abejas invadan la sala de exposición- y encontramos en el titular del diario El Tiempo, una noticia similar a la que encontramos hoy domingo: “Abejas africanizadas causan emergencia en el estadio Eduardo Santos de Santa Marta.” Creo que algo similar si despertaría mi interés.

Ricardo Arcos-Palma.
Bogotá 29 de marzo del 2009.

nota: Me uno a la preocupación de Jorge Peñuela hecha pública recientemente en Esfera Pública sobre la notable reducción del número de nominados al premio Luis Caballero. ¿Esto obedecerá a lo que ha venido denunciando con la tenacidad de un mosquetero Guillermo Vanegas sobre la idoneidad de la administración de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño? Si es así, esto es realmente preocupante.

viernes, marzo 20, 2009

Vistazo Crítico 65: Eduardo Soriano



EL ESPEJO ROTO. Vistazo Crítico a la obra de Eduardo Soriano.


La obra de Eduardo Soriano predominantemente fotográfica, está expuesta hasta el 11 de abril en el Archivo General de la Nación bajo el título Espejo Roto. Esta obra es el producto de un proyecto fotográfico con el cual Eduardo Soriano ganó la Beca de creación en residencia del Ministerio de Cultura y el Premio de Exposiciones en la Galería Santa fe y otros espacios de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, el año pasado. Esta obra nos ha permitido ver que existe un límite infraleve, mínimo y permeable, entre lo que es considerado lo antropológico y el arte. Si bien el teórico norteamericano Hal Foster, tenía ciertas dudas sobre este giro antropológico del arte, sobre todo en un contexto del arte contemporáneo donde el artista ve el Otro como algo exótico, en la obra de Eduardo Soriano - egresado ya hace algunos años de la antigua Academia Superior de Artes de Bogotá, la actual Facultad de Artes de la Universidad Distrital-, sucede algo distinto. Hablando con el artista él afirma que “este proyecto tiene sentido pues habla de una región que le es propia”. En este caso el artista es ese Otro; aquí no se trata de un desplazamiento altruista tan común en el arte contemporáneo -como el que suele hacer Antonio Caro sin ningún éxito-, sino por el contrario es un viaje a lo más profundo de la memoria colectiva.


Jaime Cerón y Jhon Castels


El proyecto "Espejo roto" fue desarrollado gracias al contacto con la tribu indígena Nukak Makú, conocida por ese famoso documental realizado hace algunos años como "los últimos nómadas de la Amazonía colombiana”. Este grupo nómada, lucha contra la sedentarización es decir contra el principio mismo del progreso. Pero la creciente colonización del Guaviare territorio donde se encuentran, las ha ido restringiendo el movimiento. En el proyecto de Soriano, la fotografía surge como un documento fundamental para que podamos entender la capacidad de instalación de vivienda de este grupo étnico. La vivienda que es pasajera para el nómada, tiene mucho del principio de la instalación en arte contemporáneo: el sedentario construye su vivienda el nómada la instala. Esto es lo que realiza Soriano en Bogotá: el artista rehace la vivienda de los Nukak Makú, la instala para ser más precisos, la recrea mostrándonos el principio mismo de habitabilidad de este pueblo errante. Las hojas de palma que sirve de techo en la maloka indígena, se ven reemplazadas por unas hojas realizadas en papel fotográfico. El parecido es enorme, lo único que delata el artificio es cuando uno entra en la Maloka y descubre la cara blanca del papel fotográfico.

Un Espejo Roto, fragmenta la imagen en varios pedazos, la multiplica distorsionándola. Es el riesgo que ha asumido Soriano al realizar este proyecto artístico. Un espejo roto, nos devuelve nuestra propia imagen donde toda mirada narcisista queda excluida. Eso quizá es lo que experimentó el artista al volver a esas tierras que lo son familiares. El volvió como lo vienen haciendo durante siglos ese grupo indígena. La casa, en este caso es un lugar de tránsito al que inevitablemente siempre se vuelve:

“La vivienda de los Nukak-Makú es una vivienda pasajera, vivienda de paso, usada por pocos días, y luego abandonada, vivienda de nómadas (por un período de tiempo suficiente para que la selva vuelva a cubrirla y tupirla de nuevo de frutos que esperan su regreso en los interminables ciclos de su nomadismo y construir allí o cerca, otra vivienda que les garantice un hábitat rico en flora y fauna silvestre que es la base de su subsistencia). Aunque dan la apariencia de ser errantes, los Nukak-Makú son un grupo indígena que en forma organizada van recorriendo un extenso territorio donde periódicamente vuelven a los mismos sitios donde antiguamente tuvieron sus moradas.”[i]



La instalación está acompañada de una serie de fotografías y un vídeo que documentan la labor de los Nukak-Makú al momento de instalar su vivienda. Una instalación colectiva que se realiza en un abrir y cerrar de ojos. Soriano al recrear esa vivienda trata de mostrarnos la frágil y lejana relación entre nuestro mundo urbano y el de la selva de nuestro país. Esa instalación no deja de sorprendernos sobre todo porque se encuentra realizada en el Archivo General de la Nación, donde los documentos se convierten en piezas invaluables de la memoria colectiva. El artista al poner ese espejo roto ahí donde reposan cientos de archivos de toda índole, le asigna un carácter histórico a la mirada altruista que generalmente posamos sobre el Otro. La insistencia en Soriano es que ese Otro es quizá nosotros mismos. La famosa frase enunciada en los albores de la Modernidad por el poeta que deja de escribir poesía para sumergirse en el territorio profundo del Otro africano, nos recuerda que en verdad el Yo, fragmentado es absolutamente Otro: Je est un autre, decía Arthur Rimbaud y Soriano parece confirmar esta sentencia con su instalación.


Gustavo Sanabria, Ricardo Arcos-Palma, Efren Rodriguez y Eduardo Soriano.


La fotografía es un espejo, sobre eso no queda la menor duda. La fotografía atraviesa toda la obra de Soriano acentuando esa característica reflexiva: en ella podemos vernos y ella permite pensar a profundidad esa imagen que en ocasiones no vemos por estar sumergidos en nuestro narcisismo altruista. En la obra de Soriano, ese altruismo desaparece, esa promesa de la felicidad a través del recuadro de la fotografía, se ve anulada, para convertirse en puro objeto. Las hojas de palma que recubren la maloka del artista, son en esencia fotografía; sin embargo también son objetos que nos recuerdan un lugar nunca conocido. Ese referente documental, crea un desazón en nuestra mirada citadina y despojada de todo contexto. A propósito de esto el propio artista comenta:

“Una de las vertientes más prolíficas dentro de la actividad fotográfica es el género documental, que se basa en una creencia de continuidad entre la imagen fotográfica y lo fotografiado. El éxito de esa concepción es tal que todos los documentos de identidad suelen estar acompañados de una fotografía de la persona que los porta y tiene claros efectos legales. Sin embargo esa continuidad hipotética, es más una convención cultural que se ha puesto seriamente a prueba por distintos trabajos teóricos acerca de la fotografía. Mi trabajo busca, entre otras cosas, replantear la relación entre una imagen y su referente motivando no solo un replanteamiento de la objetualidad de la fotografía, sino generando una vinculación con prácticas y saberes culturales de distintos grupos humanos que me interesa vincular como un nivel más complejo de acción documental.”[ii]

En este sentido la obra de Eduardo Soriano es un verdadero documento, el cual deja ver las complejidades culturales de un determinado grupo humano: en este documento se mezcla promiscuamente la artesanía, el saber hacer popular y el arte contemporáneo. A propósito de la relación fotografía y documento esta exposición estará acompañada de un seminario teórico que se realizará los días 25, 26, y 27 de marzo en el Archivo General de la Nación. Espejo roto, una exposición, discreta pero trascendente que usted no puede dejar de ver.



Ricardo Arcos-Palma
Bogotá 20 de marzo del 2008.

Más información:

www.eduardosoriano.com

http://www.archivogeneral.gov.co/index.php?option=com_content&view=article&catid=11:noticias-agn&id=99:exposicion-espejo-roto-de-eduardo-soriano-en-el-archivo-general-de-la-nacion&Itemid=54

http://documentoyfotografia.wordpress.com/

notas:

[i] Salazar Gómez, Oscar y Vallejo, Luis Guillermo. LOS NUKAK MAKU VIVIENDA INDIGENA EN COLOMBIA ARQUITECTURA DE LOS HOMBRES MOPLI http://www.lablaa.org/blaavirtual/geografia/geofraf1/nukak.htm

[ii] Soriano, Eduardo. http://www.eduardosoriano.com/espejoroto.html

Vistazos Críticos Audiovisuales cumple 7 años

Los cumpleaños no siempre son dignos de celebrarse, pero el proyecto de Vistazos Críticos Audiovisuales cumple ya siete años de existen...