martes, mayo 26, 2009

Vistazo Crítico 70: Juan Camilo Arango.


ANTICIPACION/SUPERVISION: Vistazo Crítico a la obra de Juan Camilo Arango.

La obra de Juan Camilo Arango, expuesta hasta el 4 de julio en el Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia, es una reflexión constante sobre lo que es la muerte y la vida misma. Pero en su reflexión eminentemente plástica, la muerte no es una tragedia sino más bien un canto a la vida; tal vez de la manera como sucede aún en varias culturas. Cuando el artista estaba estudiando en Londres frecuentaba un cementerio cercano y se dio cuenta que había una especie de silenciamiento de quietud. De esa experiencia surge un vídeo (Supervisión) donde vemos una escultura funeraria. Ese vídeo filmado en cámara fija donde se puede ver el azul del cielo; esta imagen semeja una fotografía y una pintura. Pero tal impresión se ve rota cuando vemos pasar en lo alto un avión. En otra de sus obras (Indómitos) vemos una proyección vídeo realizada a partir de la obra plástica pictórica. Juan Camilo Arango es ante todo un pintor que reflexiona sobre la muerte de la pintura y sobre su relación con lo humano. ¿Qué es la permanencia? ¿Qué es lo que perdura? Preguntas como estas parecen surgir de sus obras.

En Indómitos vemos el proceso de sus pinturas realizadas con esmaltes a la manera de action-painting, pero esas pinturas no se exhiben. Lo que se exhibe es un registro de esa materialidad que ya no lo es. Una especie de halo espectral donde todo signo de vida parece haber quedado sepultado en el recuerdo. ¿Pero acaso es no es la muerte? Sus pinturas espectrales han desaparecido y solo comienzan a habitar un espacio mudo y silencioso sumergido en una penumbra.

A propósito de esta obra, el crítico de arte Eduardo Serrano decía: “No sobra recordar que la muerte de la pintura se ha proclamado cíclicamente desde la aparición de la fotografía a mediados del siglo XIX, pero que ésta ha revivido invariablemente con nuevas prácticas y objetivos y como contexto para la expresión de ideas y apreciaciones desconocidas”.


En este sentido, podríamos afirmar que Arango sigue pintando, pero con luz. Los espectros de sus pinturas intentan adherirse a la superficie lisa de la pared y logran instalarse por un instante, pero el constante movimiento hace que su pintura flote en el aire. Esta obar es el punto de partida de Anticipación, donde entramos en un tunel como si se tratara de un rito de paso, o iniciático, y nuestro cuerpo se mezcla con el espectro pictural: nuestra sombra ahora hace parte de la obra y nuestro cuero es puro soporte de la pintura.. Al atravesar el tunel vemos como nos espera una puerta luminosa y de pronto nos encontramos en un gran espacio donde hacemos parte de una gran pintura... alguien el día de la inauguración luego de experimentar la obra mencionaba lo siguiente: era como meterse dentro de una pintura a la manera de Kurosawa en su película Sueños.



Juan Camilo Arango, Germán Arrubla y Juan Carlos Guerrero.

En realidad Anticipación / Supervisión es una obra en movimiento, performática que se va elaborando. Es un cuestionamiento a la tan anunciada muerte de la pintura… quizá no sea una muerte sino más bien una transformación de algo fijo y seco a algo móvil y volátil. Una pintura que puede adherirse a nuestra piel por unos instantes mientras ingresamos en esas instalaciones vídeo. Daniel García Roldán en su libro “Pintura Colombiana Contemporánea” afirma: “Acompañado por la música experimental y el cine, la pintura de Arango no parte solo de un concepto, sino desde la experiencia. De ahí proviene la importancia que otorga al momento mismo de la producción, aproximándose al terreno del performance, y luego al efecto químico de los materiales; esto implica una práctica siempre cambiante de manipulación y espera. Con sus reacciones, combustiones y metamorfosis, los cambios en la materia funcionan de manera análoga al proceso inconsciente que guía su obra.”

En suma, Juan Camilo Arango logra llevar al Museo de Arte una reflexión –palabra entendida en su doble acepción como capacidad del pensamiento y como fenómeno físico y luminoso -, plástica y estética que interroga de frente la muerte de la pintura. Esta exposición podría ser un réquiem por la pintura, pero sin admitir que ella ha muerto, solo aceptando que hay una transformación. En este sentido su posición es muy cercana a la de Miguel Angel Ríos quien expuso en Distopía hace unos meses, quien afirmaba "yo soy un pintor... que utiliza el vídeo como medio de expresión".

Ricardo Arcos-Palma. Museo de Arte. Mayo 26 del 2009.

domingo, mayo 24, 2009

Vistazo Crítico 69: Revelaciones de José Orlando Salgado.




REVELACIONES: Vistazo Crítico a la obra de José Orlando Salgado.

El enigma es algo que permanece oculto, un secreto que aún no ha salido a la luz, una verdad aún no revelada. Las revelaciones desde un punto de vista místico, son misterios luminosos que solo algunos pueden ver, oír y sentir. De otra parte las revelaciones tienen que ver con la técnica de fotografía análoga, que hace evidente una imagen al sumergirla en líquidos reveladores. De una y otra parte, las revelaciones son la incursión de la luminosidad en la oscuridad., una aparción, una suerte de iluminación y epifanía. La obra de José Orlando Salgado que he podido curar en dos ocasiones: la primera “Bolívar Ready-mido” (2002) para la Fundación Suizo-boliviana Simón I. Patiño en La Paz y Cochabamba y Vous-êtes ici” (2003) para el Musée d’Art et Histoire en Saint-Denis Francia, está atravesada por el misterio de la revelación.

Esto lo puso de relieve el crítico Eduardo Serrano en su libro la Nueva Fotografía en Colombia, al afirmar que "Orlando Salgado sobrepone, como Baraya, imágenes tomadas en diferentes momentos y lugares, pero con la intención de revelar imprevistas relaciones entre la historia y la memoria. En sus obras el Bolívar de Tenerani se pasea ante una cruz o parece entrar a edificios gubernamentales, en un agudo comentario sobre las relaciones entre el poder político, religioso y militar".

La intención de revelar estas relaciones entre la historia y la memoria individual y colectiva, entre la sociedad y la política, entre las imágenes personales y las imágenes de los mass media, se materializan en una serie de fotografías donde podemos ver un Bolívar rojo (Aquí no pasa nada) un Bolívar azul (La insoportable levedad de no poder ser) un Bolívar que se pasea por los tejados de la Alcadía Mayor de Bogotá (Alto no disparen) o donde una buena cantidad de clichés fotográficos tomados directamente del televisor desde hace más de nueve años (mi útimo cuarto de hora), conforman una fotogénesis en la cual la vida del artista y sus imágenes se mezclan promiscuamente con las del periodismo televisivo y la realidad nacional, acentuando el carácter narrativo de las imágenes.

Las imágenes fotográficas que usted ahora ve en el Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia, forman parte de un trazado para nada lineal, donde Salgado va y viene a través de una temporalidad, para interrogar la historia individual y colectiva, para retomar imágenes, rehacerlas y mezclarlas con las suyas. Con una clara actitud de apropiación, las fotografías que realiza Salgado es a partir de imágenes que otros han realizado.


Juan Carlos Guerrero, José Orlando Salgado y Fernando Ramirez durante el vernissage.


En esta exposición, podemos ver también tres obras de Salgado que son realizadas en el Cementario del Père Lachaise en París, donde las transparencias nos remontan a una fantasmagoría de la memoria, donde los recuerdos intentan permanecer en la frialdad de la piedra, como insistiendo en el último recurso que nos queda para permanecer en este mundo.

De esta manera se dedica a construir una historia visual que contrapuntea con la Historia oficial de las imágenes, una verdadera revelación, inmersa en la oscuridad que nos tomará por sorpresa en el momento mismo de observarlas: todo es construido, todo es puro montaje, sin embargo creemos ciegamente en lo que vemos: ver para creer. La verdad que se nos revela a nuestros ojos, es una verdad para ciegos, al menos esa parece ser la intención principal que nos presenta hoy José Orlando Salgado, cuando ingresamos en la sala y nos sumergimos en una penumbra donde surgen esas imágenes del negro profundo del singificado, tratándo de decirnos algo: la verdad está aún por surgir...

Ricardo Arcos-Palma. Museo de Arte, mayo 24 del 2009.

La exposición estará abierta hasta el 4 de julio en las instalaciones del Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia. Cr 30 # 45-03. Ciudad Universitaria. Entrada Libre. Martes a sábado de 10:00 a.m. a 6:00 p.m.

sábado, mayo 16, 2009

Vistazo Crítico 68: Mimetizarte de Germán Arrubla.


MIMETIZARTE o el arte de la invisibilidad. Vistazo Crítico a la obra de Germán Arrubla.
“De la uniformidad se pasa a la invisibilidad (…) La desaparición de las características
de los cuerpos en la uniformidad de la vestimenta civil o militar es paralela a
la desaparición de los cuerpos en la unidireccionalidad de la velocidad”
Paul Virilio. Estética de la desaparición.

La obra de Germán Arrubla, desborda el plano de la plástica. Sin temor al equívoco, me atreveré a decir, que su obra se inscribe dentro de la noción del espectáculo. Es una obra a la que asistimos listos a dejarnos absorber por su espectacularidad a la manera de Matthew Barney. Es conocido por todos que Germán Arrubla vive entre esos dos mundos: el del espectáculo y el de su obra plástica. Pero en él tal disociación no existe: el mundo del espectáculo es el de la plástica y viceversa; de ahí se desprende mi afirmación temeraria: su obra artística es espectacular. En esta ocasión, el Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia, acoge su obra Mimetizarte: o el arte de la invisibilidad.

Su obra ingresó al museo de una manera nada convencional: no llegó en guacales, ni tampoco se elaboró in situ como generalmente incursionan las obras al museo; por el contrario su obra llegó el viernes 15 de mayo a manera de procesión atravesando la portería principal de la Ciudad Universitaria situada en la calle 26, es decir de una manera performativa, luego de haber descendido de un camión: un Ejército de Santos impecablemente vestidos de camuflado, era llevado por otros personajes igualmente vestidos de prendas militares. Los santos esculpidos en su mayoría en madera, son los mismos que en las ceremonias religiosas se sacan en procesión aún en algunos lugares donde la creencia religiosa está latente. Este ejército sagrado está lleno de solemnidad. Pasa las puertas de la universidad ante la mirada atónita de los estudiantes y vigilantes que no entienden que está sucediendo. La Ciudad Blanca y su Museo están siendo tomados por una extraña compañía. Cuando se acercan y podemos ver mejor sus rostros, vemos como esa compañía podría ser la misma Compañía de Jesús, lista para un determinando combate. En efecto esos santos, parecen todos encarnar una imagen crística: varios de ellos tienen el rostro enjuto y poblado de una espesa barba.

El artista Germán Arrubla y su procesión de Santos.

Los personajes en religiosa procesión se instalaron en la penumbra de la sala principal del Museo de Arte donde ahora usted podrá verlos a partir del jueves 21 de mayo día de la inaguración de la exposición. ¿Pero será que usted en verdad podrá verlos? Ellos están vestidos para pasar desapercibidos en un lugar que se asemeja a sus prendas. Pero para poder verlos en su invisibilidad hay que estar vestidos como ellos. A la entrada de la sala, encontramos un vestier con esas prendas las cuales usted podrá ponerse para estar junto a esos extraños uniformados; Mimetizarte, es una invitación a invisibilizarse para no ser blanco. En efecto, esta es la idea primera del camuflaje: evitar ser blanco del enemigo en una guerra. Esta obra en verdad no tiene precedente en nuestro país; quizá guardando las proporciones, se acerca a la obra de José Alejandro Restrepo conceptualmente hablando y, formalmente hay un referente lejano en “el Divino Niño” pintado en camuflado de Beatriz Gonzales o, a los ángeles recubiertos en panela y armados de tremendas espadas de la “Dulce compañía” de Álvaro García Ordoñez.

Sin embargo la obra de Germán Arrubla abre otra perspectiva. Poner en paralelo las prendas militares y las representaciones de los Santos es una osadía que nos hace pensar inmediatamente en nuestro contexto político y social. Para nadie es un secreto que la guerrilla, en particular el ELN, ha asumido una postura prácticamente religiosa en su combate contra el Estado. Y el Ejército Nacional, apoyado en la Fe en la Iglesia Católica, se ha convertido en los soldados de Dios y la Patria. De otra parte, los paramilitares también se han apoyado en una fe ciega en un Dios vengador. Hasta los que son ateos como los de las FARC, creen ciegamente en su propia fe. Pero esta religiosidad de los combatientes, no solamente la vemos en nuestro contexto: basta echar un vistazo al Cercano Oriente para ver como los palestinos (islamistas y cristianos) se enfrentan hasta el sacrificio a manera de kamikaze contra los judíos ortodoxos que defienden su pedazo de tierra prometida o Tierra Santa; no hay que olvidar que la palabra kamikaze de origen japonés significa “viento divino” o “la ira de Dios”. La obra de Arrubla nos cuestiona entonces, sobre el papel que nosotros despeñamos en esta guerra de hace más de medio siglo matizada por un claro componente religioso.

El espectador al entrar a interactuar con ese Ejército de Santos, deja de ser un simple espectador y pasa a ser un personaje activo dentro de ese juego mimético. El espectador o más bien deberíamos decir activador, se camufla con esos personajes al usar las mismas prendas que ellos portan. Incursiona en eso grupo de “combatientes” engrosando sus filas. Luego deja las prendas en el vestier de la entrada y pasa a ser uno más de la masa. En este ir y venir, en este juego de visibilidades e invisibilidades está la esencia esencial del trabajo de Arrubla en efecto el mimetizarse es un verdadero arte de la invisibilidad.


Hablando con el artista, él insiste que "las prendas militares de distinto orden mezclan a la presa con el predador". Aquí hay una clara alusión al mundo animal, donde estos seres se mimetizan con su entorno para no ser presa fácil, o en términos del propio artista, para "no ser blanco". El arte de la invisibilidad ha sido explotado por las guerras modernas y contemporáneas al punto situarlas en el plano de su inexistencia.

El punto de partida de esta obra es muy sencillo, es una frase muy familiar que las madres con gran preocupación al ver transcurrir los años de sus hijas e hijos aún solteros les dicen: “mijos: ustedes se va quedar para vestir santos”. Esta frase, Arrubla la ha tomado muy en serio, y se ha dedicado a conseguir esas figuras de santos y vestirlos uno a uno, pero como si se tratara de la preparación de un regimiento listo para el combate. Parece un juego de niños; pero en realidad aquí radica la fuerza de su trabajo: el juego de la guerra permeado por la fe religiosa venga de donde venga, no es propiamente un juego. Cuando vi por primera vez esa obra en su estudio-taller, me di cuenta en estaba al frente de una de las obras más importantes que se han producido en nuestro país en los últimos tiempos. Procesiones, escuadrillas, compañías, camuflados, todo un espectáculo estético que nos recuerda descarnadamente que aún estamos inmersos en un conflicto armando de tinte religioso y político, donde la desaparición y la invisibilidad son un verdadero arte.

Ricardo Arcos-Palma. Bogotá 16 de mayo del 2009.
Este texto hace parte del corpus de la investigación: Arte y Política en Colombia.: Dos décadas de Accionismo y Performance 1990-2010, en la cual incluyo obras de Constanza Camelo, Yury Hernándo Forero, Fernando Pertuz, Raúl Naranjo, Edwin Jimeno, María José Arjona, José Orlando Salgado entre otros.  


viernes, mayo 08, 2009

Vistazo Crítico 67: A punta de Sangre de Erika Diettes.



A PUNTA DE SANGRE, Vistazo Crítico a la obra reciente de Erika Diettes.

Como ya lo había anunciado en otro vistazo crítico, publicado en la revista chilena Escáner Cultural, la obra de Erika Diettes, esencialmente fotográfica es una revelación ineluctable, de nuestra realidad nacional. Revelación en el sentido estricto de la palabra: como manifestación luminosa de un secreto que permanecía oculto. Esta revelación que por otra parte, está íntimamente ligada al procedimiento fotográfico, incursiona en nuestra cotidianidad para comenzar a dialogar con el exceso de información visual que nos asedia a través de los medios de comunicación impidiéndonos así, comprender qué es lo que realmente sucede. En una charla qué dicté sobre su obra en el seminario Documento y Fotografía, luego de una pregunta de parte del público, surgió la siguiente reflexión: hay que volver a tener fe y creer en las imágenes. Pero no en cualquier tipo de imágenes sino en aquellas realizadas por los artistas como Erika Diettes. Esta fe en las imágenes, no enceguecida por supuesto, aseguraría poder asir la realidad de otra manera, para poder comprenderla, y por qué no decirlo, transformarla, así esto parezca utópico.

A punta de sangre es el título de la obra con la que Diettes participa en Fotográfica Bogotá 2009. Esta obra enmarcada en el corazón de la Plaza de Bolívar, cerca a la escultura del Libertador, entre el Palacio de Gobierno y el Palacio de Justicia, entre la Catedral y la Alcaldía Mayo de Bogotá, interroga de frente nuestra sociedad. Esta obra está compuesta por tres fotografías de gran formato, enmarcadas cada una ellas en aluminio y protegidas por un cristal. La primera imagen que podemos ver es parte del rostro de una mujer que emerge de un negro profundo como si se tratase de una pintura del tenebrismo español. El rostro de la señora, de unos cuarenta años de edad, aunque las marcas del sufrimiento le hacen ver más vieja, lo vemos parcialmente en un primer plano: su ojo izquierdo, su boca, cerrada, sus cabellos largos y negros acentúan una mirada de resignación. En ese rostro (de una madre que aún sigue quizá esperando el regreso de su hijo desaparecido), podemos ver como el rostro de todo un país inmerso en una violencia política que no da tregua, donde todos en realidad somos víctimas.



A la extrema derecha del tríptico podemos ver el rostro –porque los animales tienen rostro- de un buitre, el famoso chulo que se ha convertido según pudo verificarlo la propia artista en el oriente antioqueño, en un perfecto aliado frente a la imposibilidad de encontrar los cuerpos de las víctimas. De su pico, cuelga una gota de sangre. El chulo ha sido desde tiempos inmemorables, “ave de mal agüero” pese a las bondades de limpieza que desempeña. Su imagen en el imaginario colectivo, ha estado siempre vinculada a la muerte. Algo que la artista recuerda bastante impresionada, es cuando por primera vez atravesaba la calle principal de Granada en el oriente antioqueño, fuente de esta obra, y mirando al cielo veía en los tejados, en los cables de la luz una cantidad impresionante de estas aves negras, “como si- dice la artista-, cada habitante del pueblo tuviera su propio chulo”, una especie de ángel guardián negro. “A punta de sangre es un trabajo que nos hace reflexionar en esa imagen representada en el anacrónico escudo nacional –dice Christian Padilla en el texto de presentación de esta obra-, donde ningún otra ave sino el chulo merece el privilegio de posarse, dominando la tierra de la fertilidad, de la riqueza y de un canal ya perdido. Un ave que ha recibido el desafortunado destino de ser portador de obituarios y la personificación de la muerte en un territorio donde el crimen es noticia cotidiana”. En efecto esta imagen del chulo se convierte en un testigo mudo de un crimen que ha sido ahogado en los ríos de la impunidad nacional. Como única prueba palpable del crimen queda la gota de sangre que se dispone a caer de su pico carroñero.


En medio de estas dos imágenes, aparece una similar a las de Río Abajo, su anterior obra, donde la artista ponía de manifiesto las prendas de desaparecidos sumergidas en agua. En este caso vemos las prendas de una víctima.Sin embargo según las otras dos imágenes, la del medio nos hace pensar una especie de consuelo, de esperanza., pues el agua no es turbia, tampoco es tumultuosa. El agua, cristalina aquí, nos hace pensar en una especie de sanación y de purificación de un hecho atroz lo que termina atenuando las dos imágenes. El agua quizá aquí alude al ausente, a quien se espera en ese discurrir del tiempo, en ese pasar de las aguas.



Estas imágenes expuestas de cara al Palacio de Justicia y a espaldas del Palacio de Gobierno, es un enfrentamiento a la ciega que sostiene la balanza. Dos ojos: el de la señora y el del chulo, miran como si fueran un solo rostro, esa masa imponente que se erige como guardianes a nuestra espalda, donde la Justicia de este país, intenta ejercerse. “La justicia, cojea pero llega” se oye con frecuencia. Pero qué imagen tan terrible esta de una justicia ciega y coja, parece decirnos A punta de sangre, en un cruce de miradas, en un diálogo imposible, donde nosotros espectadores nos ponemos en el medio del simbolo de la Justicia y de Simón Bolivar, mirando esas imágenes, pero al mismo tiempo viéndolnos mirar en el reflejo del cristal que cubre las fotos y en el reflejo de los ojos del chulo y la señora. A punta de sangre, una obra que no deja de proponer preguntas, estará expuesta un par de semanas más en la Plaza de Bolívar mientras las palomas, simbolo de la paz, esperan berrigonas e indeferentes, a que les sigan tirando maíz.

Ricardo Arcos-Palma, Bogotá 8 de mayo del 2008

Vistazos Críticos Audiovisuales cumple 7 años

Los cumpleaños no siempre son dignos de celebrarse, pero el proyecto de Vistazos Críticos Audiovisuales cumple ya siete años de existen...