jueves, agosto 27, 2009

Vistazo Crítico 73: Tania Bruguera en el Hemisférico del Performance.



VISTAZO CRÍTICO AL DECEPCIONANTE PERFORMANCE DE TANIA BRUGUERA.

Anoche, con gran expectativa el público esperaba presenciar el performance de Tania Bruguera, la artista cubana invitada al Hemisférico del Performance que se lleva a cabo en la Universidad Nacional de Colombia en asocio con el Instituto de New York. El edificio de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad, estaba atiborrado de espectadores deseosos de ver su obra y la de Gómez-Peña que se presentaría simultáneamente en el mismo edificio. La espera fue larga, la artista cubana quería lleno total. Y así fue. Ella toma el micrófono y se dispone a presentar la obra como una presentadora de televisión que anuncia que es lo que vamos a ver los telespectadores al mejor estilo de un programa latino de Miami: habrá una mesa “con los actores del conflicto colombiano”. Acto seguido vemos subir tres personajes quienes encarnan a un paramilitar, a una desplazada y a una guerrillera. Mientras estos personajes cada uno a su manera respondía a la pregunta ¿qué es para usted un héroe? El público aplaudía tímidamente después de cada respuesta. Algunas respuestas fueron conmovedoras otras no tanto. El show, continuaba mientras el público esperaba que algo trascendente sucediera.

La atención del público comienza a dispersarse a medida que una mujer pasa entre los asistentes ofreciendo cocaína en una bandeja de vidrio. La gran mayoría no consumió coca, por recelo, o simplemente por miedo a ser juzgado en público de drogadicto. Pero lo que es cierto es que la bandeja se vació tres veces y seguía circulando. Hasta ese momento, no se había logrado el escándalo esperado quizá por la misma artista que sonreía nerviosamente mientras veía pasar la bandeja de coca, como si era lo único que le interesara. El discurso de los personajes se había silenciado por el ruido que generó la cocaína que circulaba.

Este acción comenzó a aburrir a los espectadores que salían del recinto para ir a presenciar el performance de Gómez-Peña, a ver “si se salva la noche” según le oí a un exigente espectador. Yo salí inmediatamente después de Mario Opazo, Gómez-Peña, Doris Salcedo, Jaime Iregui, María Elvira Ardila, Raúl Christancho entre otros que quitaron el lugar. Afuera había una pantalla retransmitiendo el performance de Gómez-Peña, pues el recinto donde se presentaba estaba atiborrado de gente.

De un momento a otro afuera de la Escuela, la transmisión se interrumpió y vimos a David Lozano uno de los curadores de la muestra condenar públicamente el hecho de haber consumido coca. El director de la Escuela de Artes Plásticas, Nelson Vergara, anteriormente había también condenado el hecho y un estudiante airado se unió a la condena incitando a los consumidores a que “dejaran de pensar con la nariz”. Otro estudiante salió a la defensa diciendo que era hipócrita condenar algo que era normal y cotidiano. Un asistente participante del hemisférico, venido de otro país, y visiblemente afectado por haber consumido el polvillo blanco, defiende el hecho del consumo y otro asistente afirma que eso que se consumió había generado muchas muertes. Luego toma la palabra una artista local y pregunta ofendida ¿Dónde está la artista para que nos cuente que estaba pensando? Tania luego toma el micrófono, visiblemente conmocionada o emocionada y dice “Gracias a los colombianos por estar aquí”. Esta frase hubiese tenido sentido en Estados Unidos, en Cuba o en cualquier otro lugar del mundo pero ¿en Colombia? Quizá esta última parte fue la más interesante de la performance, donde el público participó y se centró en el hecho del consumo ignorando por completo las voces de los “actores del conflicto”. Sin embargo como diría Jacques Rancière hay que abogar por “el espectador emancipado”. Este tipo de obras que intentan generar escándalo haciendo “participar” al espectador que no sabe que es lo que está presenciando, ya no tiene sentido hoy entrando en el siglo XXI. Esto hubiese tenido sentido en la década del setenta, en pleno apogeo del performance, pero hoy, ya no produce nada de nada sino aburrimiento y decepción. Al espectador hay que dejarlo en su lugar y no tomarlo por un imbecil.

El performance fracasó porque hubo mucho aparataje estelar y al mismo tiempo bastante decepción. El análisis del conflicto colombiano por parte de Tania Bruguera –si realmente lo hubo-, es bastante pobre y eso se ve en su performance. La ecuación: guerrilla + paras + cocaína = desplazados es bastante simplista, pues reproduce al pie de la letra, lo que hemos escuchado hasta la saciedad por los medios de comunicación que repiten como loros mojados lo que les dicta el Imperio: el verdadero mal es la cocaína. Esa es la visión de los Estados Unidos quienes financian gobierno tras gobierno, para acabar con ese mal, pero paradójicamente “el mal” persiste porque el principal consumidor es el primer mundo.

Pero en la mesa de los actores del conflicto hizo falta el Estado ignorado por la artista. Si se tratara de Cuba (país que ella crítica cada vez que puede como todos los cubanos exiliados en Miami), quizá la artista hubiese sido más incisiva, en cuestionar el Estado como origen mismo del problema, pero no, se quedó tibia. Luego de hablar con varios de los asistentes, la gran mayoría salió decepcionada y le oí decir a un joven estudiante mientras reía: “hubiera repetido la acción de La Habana, pero con una metralleta para que no fallará”. ¿Tanto le decepcionó para afirmar cosa tan terrible? Me pregunté en ese momento. La decepción siguió haciendo su curso, mientras se vaciaba el lugar y opacando la obra de Gómez-Peña que se desarrollaba al mismo tiempo en otro lugar de la Escuela de Artes.

Creo que Tanía Bruguera acaba de realizar una de sus peores acciones plásticas. Ella argumentará, que todo estaba fríamente calculado, que la decepción hacía parte de su performance, que en Colombia el origen del conflicto es la cocaína y para la prueba un botón: se consumió coca colombiana en Colombia. En fin, esta vez le hizo falta encomendarse a uno de sus deidades santeras para salvar el performance, pero algo falló y aparte del “escandalito” del polvillo, esa acción no generó nada de nada. ¿Será que ese nada de nada también hacía parte del performance?

Ricardo Arcos-Palma.

Bogotá 27 de agosto del 2009.

http://bogota.vive.in/blogs/bogota/un_blogger.php?id_blog=4036597

lunes, agosto 17, 2009

Vistazo Crítico 72: Somos Estrellas de Fernando Pertuz.




SOMOS ESTRELLAS. Vistazo Crítico a la obra de Fernando Pertuz.

“Mi cuerpo, topía despiadada”
Michel Foucault. Le corps utopique.

“El arte crítico, en su forma más general, se propone generar conciencia
de las mecánicas de la dominación para cambiar el espectador
en actor consciente de la transformación del mundo.”
Jacques Rancière. Malaise dans l’Esthétique.

“No soy artista,
soy un activista”.
Fernando Pertuz. Conversaciones en un vernissage cualquiera.

Se abrió al público, hace unos cuantos días en la Galería Santa Fe del Planetario Distrital la obra “Somos Estrellas” del artista Fernando Pertuz, nominado al V Premio Luis Caballero. Es una obra que genera muchas preguntas más que respuestas. Es una obra a la que no se puede “entrar” con un candado en la sensibilidad. “Y cuando digo sensibilidad –decía Antonin Artaud-, digo piel erizada.” “Insensibles abstenerse”, debería estar escrito en la entrada de la galería con grandes caracteres. Pero no, lo que encontramos a la entrada de la exposición son frases como esta:

“Somos Estrellas encuentra en las calles, en los barrios, en las manifestaciones, en las marchas y en los parques a esas personas que nos alimentan con sus intervenciones urbanas; ellos y ellas nos invitan a reflexionar sobre las problemáticas sociales locales y globales, muchos señalan la injusticia, otros buscan a sus familiares desaparecidos o muertos, mientras otros construyen acciones o improvisaciones para vender sus productos y entre todos nos cuestionan sobre el performance y la vida misma, reafirmando la relación arte-vida”.



Una vez vacunados contra la insensibilidad, los espectadores entran en la sala en semi-penumbra y se encuentran con una serie de proyecciones vídeo donde se pueden ver algunos personajes, que no queremos ver, que parecen ser invisibles, pero que persisten en ser visibles; unos personajes que parecen no tener voz, pero que son un verdadero grito en la conciencia, personajes estrellas, luminosas, fugaces que persisten en brillar pese al nubarrón social que cae sobre ellos: un hombre orquesta ha compuesto con bastante ironía una canción al “Canje Humanitario” donde cada ser humano se ha vuelto “unos objetos qué negociar” dice su canción.

Otro de esos personajes grita durante una marcha de protesta: “Sin libertad sexual no hay libertad política”; detrás de él un travesti vestido impecablemente de novia, lleva una enorme cruz a cuestas insistiendo en el papel inquisidor de aquellos que creen que la cruz es el único camino para llegar a la pasión. Aquí se cuestionan slogans publicitarios como “Colombia es pasión” donde se olvida la doble connotación de la palabra pasión. Pasión, relativo al amor o al sufrimiento en este caso el de Cristo. En el país del “Sagrado Corazón” es posible que se esté pensando en la segunda opción y no en la primera, pues muchos Calvarios tienen nuestras ciudades como prueba de esa antigua y nefasta tradición conservadora, donde el cuerpo es condenado al silencio, esperando ser redimido el día de la “Salvación” en un paraíso lejano, olvidando que el paraíso puede estar aquí y ahora mismo.



Un grupo familiar, desplazados por la violencia, se improvisa en grupo vallenato: acordeón, guacharaca, cencerro… la madre insiste en enseñarle al hijo menor a tocar el cencerro con ritmo… mientras el padre canta y los otros dos hijos “armonizan” la canción. Esa canción, muy triste por cierto, parece ser la única manera de hacerle frente al hambre y a la indiferencia de una sociedad que no ha querido entender, que estamos inmersos en un conflicto político y del cual solo se sale con una negociación política.

Vemos también a un súper héroe: “Súper DMG” quien defiende en una marcha de un primero de mayo (Día Internacional del Trabajo para los que no lo saben), al creador de un sistema de ahorro alternativo que fue diabolizado por el Gobierno, en un momento donde ya pocos creen en los Bancos, pues el 4 x 1000, y otras tazas financieras que caen sobre el que tiene sus ahorros en dichos bancos, se transforma en un verdadero atraco institucionalizado. Sin embargo, el súper héroe nos dice, en un mundo de contradicciones, que el villano es tomado como un héroe, que éste es mejor que el otro héroe, pues al menos aquél, hoy encerrado, “ayudaba pueblo”.

“Nosotros los afro-colombianos queremos la unidad y la organización…” dice un personaje vestido de negro frente a sus compañeros de marcha en la Plaza de Bolívar. Esas palabras resuenan una y otra vez entre otras que dice: racismo. ¿Colombia un país racista? Nos preguntaríamos indignados, sin embargo, bien sabemos que un país como el nuestro, con enormes taras ideológicas enraizadas en la época de la Colonia, el racismo es cosa natural y por ende la discriminación.

En la sala del Planetario Distrital, hay ocho estrellas, que al finalizar su discurso en una verdadera cacofonía donde se oye solamente un único grito, comienza a titilar mientras escuchamos la respiración agitada del artista que solamente aparece hasta este momento. Fernando Pertuz, como en sus obras más reciente está ausente. El solamente hace visible, aquellos que están invisibilizados por la insensibilidad de nuestra sociedad. Pertuz nos recuerda –colmo lo hizo Foucault-, que el cuerpo no solamente es algo orgánico de carne y hueso, sino también un topos o lugar común, y como tal, dicho lugar nos habla de un ahora.



Somos Estrellas es un sólo cuerpo entendido como lugar. Y es precisamente el lugar que está siendo cuestionado: el país, la capital, la sala de exposiciones, el mismo premio Luis Caballero. La exposición no se inauguró, no se abrió como las otras, porque “Para qué ir a tomar vino en un lugar como esté” dice el artista. El vino no siempre nos hace decir la verdad, que en esta ocasión salta a la vista, centelleante, luminosa, brillante e irónicamente a manera de marcha constante. Esas estrellas, no han parado de marchar pidiendo a gritos que cese la violencia, pide a gritos un espacio para la libertad sexual, que cese el racismo, que terminen las desapariciones, los desplazamientos. ¿Pero por qué el artista insiste en hacer visible algo que todos sabemos?

Si existe algo verdaderamente importante a tener en cuenta aquí, es que Fernando Pertuz, es evidente, bastante claro, una virtud algo rara en el arte contemporáneo, que persiste en hacer caer en la trampa al desprevenido espectador, en engañarlo, en burlarse de él. Aquí sucede todo lo contrario. La evidencia es luminosa, clara y diáfana. ¿Para qué seguir ocultando lo que debemos saber? Parece preguntarse el artista con esta obra.

El espectador puede votar en un dispositivo interactivo por una de esas estrellas, como también puede entrar en relación con una red de asociaciones, documentos y otros vínculos relacionados con acciones cívicas y políticas. La obra no se queda en la sala; se instala en la red, creando una comunidad que se construya a partir del siguiente portal Internet: Somos Estrellas http://www.somosestrellas.org/ En este sentido se evoca la participación colectiva como parte activa de la obra. La obra solamente tiene sentido con la red que se teja alrededor de ella.

Las estrellas forman constelaciones, como aquellas que se escriben a diario, desde que se abrió la exposición, frente a cada imagen-estrella en la pared opuesta, alrededor de unas preguntas como “¿Ha sido víctima de actos racistas?; “¿Conoce usted hechos de violación de derechos humanos? Entre otras preguntas que están íntimamente vinculadas a las imágenes. El “espectador emancipado” –por parafrasear a Rancière-, ahora es libre de escribir en el muro o salir corriendo de la sala gritando que esto no es arte. Y quizá tenga razón: lo que hemos escuchado, visto y sentido no es para nada un divertimento artístico de alguien que quiere ganarse el Premio Luis Caballero –lo que sería de hecho legítimo- sino más bien la visibilidad de la Vida misma, aquella que no queremos ver, aquella que es invisibilizada por los mass media, aquella que paradójicamente se niega a alejarse del arte, pues Arte y Vida se confunden. Ahora recuerdo una imagen: de hace prácticamente diez años ya: el artista en medio de un dispositivo maquinal que él mismo había construido, está completamente desnudo: la máquina lo lava, lo cepilla, lo asea… esta imagen de “Lavadora de Sociedades en Vía de Extinción” (1999) me llega a la mente en el mismo instante en que escribo este texto y que pienso que el cuerpo es en verdad un lugar, un topos, y como tal es puro conflicto y por ende político en esencia. Foucault tenía razón y el artista Pertuz confirma tal certeza: los cuerpos son políticos, pero solo aquellos que persisten en hacerse visibles, en un mundo de ciegos donde la “divina chispa a partido” decía Baudelaire en su poema Les aveugles, en pleno apogeo de una tiranía. Somos Estrellas, una obra que no olvidaremos nunca por su e-videncia. El resto es puro Show de las estrellas y de esas si hay bastantes, desafortunadamente.

Ricardo Arcos-Palma.
El 16 de agosto a 2800 metros más lejos de las estrellas (del show por supuesto).

Pd. En una ocasión haciendo eco a las palabras de Jorge Peñuela, yo instalaba una sospecha sobre la Administración de la Alzate Avendaño y el reducido número de nominados al premio Luis Caballero. Luego de revisar las actas y haber hablando con algunos de sus funcionarios, entendí que el asunto era decisión del jurado y no propiamente una directriz de la administración, por lo cual me retracto de mis palabras y ofrezco mis disculpas públicamente con la administración de esta institución.

martes, agosto 11, 2009

Vistazo Crítico Transversal 27: Acerca del agua y su turbiedad: 400 mil pesitos de certificación.




Acerca del agua y su turbiedad: 400 mil pesitos de certificación.

Por Oscar Salmanca*

El presente ensayo tiene como objeto hacer una reflexión crítica acerca del ejercicio de la curaduría artística y sus ambigüedades tanto en su carácter como en su sentido.

Surgen de inmediato varias preguntas, lo sé, pero entre ellas me parece conveniente comenzar con la siguiente, ya que se dirige al centro de un problema estructural: ¿cuando una curaduría deja de ser un proceso de selección para convertirse en censura?

Antes es preciso realizar varias consideraciones con la intención de contextualizarnos. En el proceso de selección de obras efectuado por los diferentes equipos del país de cara a configurar las investigaciones pertenecientes a los salones regionales del Ministerio de Cultura de Colombia, la curaduría “inversiones” de la zona centro occidente se destaca por la intermediació n económica como mecánica y laboratorio de creación. Al leer las bases, los artistas por ella convocados entendimos que no existía una pregunta gruesa de investigación por la cual la curaduría respondiera eficazmente en esa búsqueda de líneas de pensamiento capaces de generar proyectos no solo plásticos sino discursivos y hasta filosóficos pertinentes con las necesidades e intuiciones del arte de hoy en la región.

Se diría que exigir de un proyecto curatorial tamañas responsabilidades podría tomarse como un desacierto sobredimensionado. Sin embargo la provocación de encontrarnos con una vitrina que exhiba sin reparo la participación de la estrategia del capital en la producción del arte directamente, incita, por lo menos, a replantear verticalmente el ¿para qué? de esta investigación curatorial y con ella hacer visible problemas centrales entre la relación gestión-arte.

La injerencia del capital en la cultura es una evidencia, de acuerdo, de allí su vaciamiento y perdida de valores, incluso los humanos. Si es así, entonces qué busca la curaduría “inversiones”, ¿cual es su tesis? No ha quedado claro.

El grupo de investigación L’H presentó a la convocatoria “inversiones” el proyecto “Agencia ACIACI”, una empresa de agenciamiento de artistas que busca directamente “quitar del medio” la figura del curador y cuanta política estética interfiriera en la participación del artista en cualquier escenario de promoción de la institución arte y sus sistemas. La Agencia cobraría a cada interesado la suma de 400 mil pesos por el derecho de exhibir, sin procesos curatoriales o de selección, su producción plástica. En este contrato no se tocaba aquellos significados (subjetivos, académicos, profesionales, otros) del ser artista, ni mucho menos la calidad o característica de la obra a exhibir, lo único que importaba, y era requisito de ingreso, sería el pago de los portes antes mencionados.

En otras palabras quien pudiera pagar los cuatrocientos mil pesitos ingresaría al selecto grupo de artistas pertenecientes a la curaduría “inversiones” y por ella al 41 Salón Nacional de Artistas del Ministerio de Cultura de Colombia.

Por razones que no deberían ser tan obvias la propuesta no fue seleccionada.

Nuestro grupo pregunta la razón de la determinación del grupo respeto a la obra de arte “Agencia ACIACI”. ¿Cuáles fueron los criterios finales de selección? ¿Qué interfirió en su decisión? ¿Existe mitos y tabues difíciles de asumirse, a pesar de supuestos y aperturas pretendidas de pensamiento en el acontecimiento arte? Y por último ¿se llevó a cabo una selección o una censura?

La obra “Agencia ACIACI” no encontró el nicho ideal para insertarse en la mecánica del arte oficial como requería su naturaleza al ser rechazada, pero sí ha generado, por lo menos en nuestro grupo y entorno, preguntas trascendentales sobre la curaduría, la gestión cultural, y los desgastados sistemas que la oficialidad del arte impone como política estética.

En Colombia no estamos preparados para vender cupos a los salones regionales y nacionales y eso que esto sí sería una tesis.

* Artista y docente de la Universidad Técnológica de Pereira.

sábado, agosto 01, 2009

Vistazo Crítico 71: Mario Opazo


CON LA VENDA EN LOS OJOS. Vistazo Crítico a la obra de Mario Opazo.

“…sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal (…)Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos;”

Génesis. 3, 1-24.

La obra del artista Mario Opazo “Expulsión del Paraíso” nominada al V Premio Luis Caballero es a mi parecer una de las más contundentes hasta ahora de las presentadas a este premio. El tema de esta obra ha sido tratado ampliamente a lo largo de la historia por varios artistas como Fra Angelico, Masaccio, Miguel Ángel, Chagall entre otros, quienes han logrado representar la historia del Génesis narrada en la Biblia, donde se cuenta cómo Adán y Eva, la pareja primigenia, son expulsados del Paraíso; ellos vivían en armonía con los demás seres de la naturaleza, tras haber sido tentados por la Sierpe quien les incitó a comer del árbol prohibido de la Sabiduría. Desde ese entonces, la pareja se vio condenada al destierro, a la errancia, al trabajo y a poblar la tierra y así evitar que ellos comieran del árbol de la Vida eterna. En el caso de Mario Opazo y su obra absolutamente performática, podemos ver un claro referente a esa historia del arte, pero no de una manera apropiacionista, sino más bien de una manera reflexiva, problematizando la relación existente entre historia (individual y colectiva) con nuestra actualidad, con el presente. Echemos pues, un Vistazo Crítico a su obra-instalación compuesta por varios fragmentos.

Para poder entrar a la instalación debemos agacharnos como si lo hiciéramos en una tienda o casa de los pueblos nómadas. Ese acto de inclinarse que nosotros espectadores asumimos – y que además lo repetimos varias veces durante el recorrido de la exposición-, es bastante significativo pues no solamente nos remite a la idea de cercanía con el suelo, sino que también nos hace pensar en esa actitud simbólica de diálogo directo con la tierra como sucede en los pueblos nómadas. A propósito de ese ingreso a una penumbra forzada donde el artista ha dispuesto su instalación, Jorge Peñuela en su texto crítico titulado “Mario Opazo: Los expulsados del reino de la imaginación” dice lo siguiente:

Redujo considerablemente esta entrada para forzar en el visitante de su emplazamiento un movimiento que lo condiciona a asumir una actitud de no indiferencia, a inclinarse, a escuchar, a reducir el ego de la mirada vacía del transeúnte contemporáneo. La entrada es propicia para el ingreso de niños y niñas, comenta el artista, tal vez queriendo significar que debemos desprendernos con generosidad del rencor que gobierna a la mayoría de los adultos, quizá a nuestro pesar.[i]

Al entrar por ese pequeño umbral, nos encontramos con una imagen (proyección vídeo) de un personaje (el propio artista) inmerso en la inmensidad el desierto. El personaje con la ayuda de un megáfono pronuncia la siguiente frase: “Cuando era niño mi madre me envolvía en la bandera de Chile para protegerme de los golpes de la dictadura”. Al finalizar esa frase, se escucha en toda la sala el fuerte sonido de una campana. El personaje se cubre con la bandera de Chile. En esa misma imagen vídeo, vemos al personaje sentado en la tierra frente a otro personaje en similar postura que le venda la cabeza con un turbante. Esta imagen – y esto es una característica de la obra de Opazo-, se proyecta sobre un objeto sobre una cosa: en este caso sobre la base de un mástil que sostiene varias banderas entre las que reconocemos la de Francia, España, Argelia y Chile. Estas generan una especie de cascada donde se mesclan promiscuamente y caen al piso. Ninguna de ellas hondea.

Uno de los fragmentos que más llama nuestra atención, es aquél donde vemos una máquina que proyecta una imagen en un platón metálico lleno de agua hasta el tope. En el fondo del platón reposa un pañuelo blanco, como aquél que se hondean aquellos que se han rendido para pedir un alto al fuego. La proyección vídeo es tomada de una imagen mediática que dio la vuelta al mundo: un hombre (palestino) que ha sido tocado por proyectiles del ejército israelí, está herido y tendido en el piso. Una máquina se aproxima a él lentamente no para auxiliarle ni darle la mano, sino para inspeccionarlo y verificar si este individuo no es un kamikaze que está forrado de explosivos. El artista logra relacionar magistralmente esta imagen con aquella realizada por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina que representa la creación del hombre: un pequeño monitor reproduce el toque divino de que da vida al Adán mientras un tocadiscos de los años ochenta, reproduce la ópera Aída de Giuseppe Verdi compuesta por encargo para la inauguración del Canal del Suez en 1871. Este referente musical hace visible un fragmento de la historia y un territorio que ha sido víctima de los conflictos colonialistas europeos (Francia e Inglaterra principalmente) y Estados Unidos durante la segunda mitad del el siglo XX. La ópera narra el amor imposible entre una princesa esclava etíope (Aída), y un comandante militar de las tropas invasoras egipcias (Radamés) y muestra de una u otra manera la tragedia de los desterrados. La máquina que sostiene el vídeo-proyector, está apuntalada por un saco de arena donde vemos escrita en caracteres rojos la palabra “NAUFRAGIO”. Deus est machina, o el carácter maquinal del creador, se materializa en esta obra: un creador que castiga y destierra, el toque divino de la pintura de Miguel Ángel, contrasta con el toque maquinal de ese nuevo dios destructor y guerrero, mientras la melodía de una ópera realizada en plena decadencia del imperio francés, nos evoca un presente matizado por la impotencia de aquél que yace en suelo tocado por la intolerancia de aquellos que erigen fronteras infranqueables.

Luego asistimos a un evento luminoso que intenta romper la penumbra: una lámpara que cuelga del techo ha descendido hasta casi tocar el suelo. Lo único que le impide tocar el suelo es un recipiente de los pueblos nómadas, que está apuntalado sobre dos libros. El primero está cerrado y soporta al segundo que está abierto; en éste último se puede leer algunas cosas sobre la “Arqueología de las Bellas Artes. Este fragmento es algo más hermético a la comprensión; sin embargo podemos entender que se trata de cuestionamiento al conocimiento que se tiene de algo o de alguien. La luz de la lámpara como sinónimo del conocimiento de la civilización así como los libros está en este caso mediatizados por ese objeto de un pueblo nómade.

Seguimos nuestro recorrido y llegamos a una imagen donde vemos a un personaje que vestido de negro intenta subir infructuosamente una colina de tierra. La imagen vídeo (registro de una acción, como la mayoría de imágenes del artista), se proyecta no sobre la pared, ni en una pantalla sino en una pequeña colina de arena en cuya cima hondea una bandera blanca impulsada por un ventilador. Mediante este artificio muy sencillo, la obra adquiere un marcado realismo. Este fragmento de obra que constituye la instalación, es sin duda un claro referente al empecinamiento del ser humano por alcanzar la paz. La lectura es clara y simple, la paz es inaprehensible pese a los esfuerzos que realiza el ser humano para alcanzarla.

Luego nos encontramos con un barco velero pequeño en madera que reposa sobre el piso que parece navegar hacia un destino incierto en un mar agitado sin horizontes. La proyección que recae una vez más sobre el objeto real, logra generar una imagen que funde objeto e imagen creando una sola donde vemos el barco a la deriva. Esta noción del viaje es fundamental para Mario Opazo quien desde muy niño se ve confrontado al viaje forzado, tras dejar su país natal durante la dictadura de Pinochet y quien de una u otra manera ha sabido potencializar esta condición para el desarrollo de su obra. El primer fragmento que describimos, por ejemplo, se realiza en un no-lugar, un campamento de refugiados Saharauis situado en el suroccidente de Argelia, donde los expulsados del paraíso intentan sobrevivir. Opazo hace del viaje un elemento constitutivo de su obra en este sentido el artista despliega lo que yo he llamado “una estética del nomadismo”[ii]. Al respecto Christian Padilla dice:

Para alguien que considera el territorio itinerante como su hogar, ser colombiano o chileno ni le suma ni le resta. Uno de sus últimos proyectos lo llevó al Sahara, a realizar un documental sobre el RASD (República Árabe Saharaui Democrática), una patria sin territorio, enfrentada al a incertidumbre de anhelar el dominio y a la necesidad de pertenecer. De los representantes de esta nación sin tierra, Opazo, recibió una nacionalidad honorífica que posiblemente lo identifique de forma más cercana con esas preocupaciones que ha decidido señalar en sus trabajos.[iii]

En efecto se trata de un territorio donde las fronteras tienden a desaparecer. El territorio de los sin tierra será sin lugar a dudas un territorio mucho más amplio, donde la utopía o el no-lugar deviene un horizonte posible. Para terminar la experiencia estética miramos detrás de la pared y vemos el final que se conecta con el principio: el propio artista está presente, completamente vestido de negro, sentado en frente del muro y con los ojos vendados con un trapo blanco. Su mano derecha hace sonar la campana luego de enunciarse la frase “Cuando era niño mi madre me envolvía en la bandera de Chile para protegerme de los golpes de la dictadura”. En este mismo instante el pasado es evocado desde un aquí y un ahora, desde un presente total, donde el artista no ve nada, pues para poder permanecer en el Paraíso no hay que ver nada, hay que tener una venda en los ojos. Pero ese enceguecimiento es revocado por el sonar de la campana. El artista durante poco más de un mes permaneció allí todos los días. Es por eso que al iniciar este texto, yo afirmaba que su obra es verdaderamente performática pues el cuerpo está no solamente evocado sino también presente. “Expulsión del Paraíso” señala –en las palabras del propio artista-, “un cuerpo expulsado que se resiste al límite”. Esta exposición está abierta hasta hoy en el Planetario Distrital, galeria SantaFe, no se la pierda.

Ricardo Arcos-Palma, Bogotá 1 de agosto, 2009.


[i] Peñuela, Jorge. Mario Opazo : los expulsados del reino de la imaginación. Esfera Pública. www.esferapublica.org

[ii] Arcos-Palma, Ricardo. Vers une esthétique du nomadisme. Tesis de maestría en filosofía del arte, Universidad de la Sorbona. 1998.

[iii] Padilla, Christian. Fragmentos de Mario Opazo, equipaje ligero. Citado en el catalogo de la exposición.

Vistazo Crítico 147: Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común-FARC

FUERZA ALTERNATIVA REVOLUCIONARIA DEL COMÚN-FARC ¿Cierre de opciones o afirmación de su lucha  en el escenario democrático? Los m...