viernes, junio 15, 2012

Vistazo Crítico 106: CARLOS GARAICOA y su Fin de Silencio.




CARLOS GARAICOA: FIN DE SILENCIO.

Una evento artístico como la Bienal de la Habana, es tan difícil para que un crítico de arte pueda elaborar una mirada acertada, dado su dimensión. Por ello, es mejor asumir la visión del curador y escoger una que otra obra para poder hablar de la bienal sin pretender agotar el tema. Pero bueno ¿acaso esto no es propio de la crítica de arte, escoger y hacer visible? Así pues, sin temor a usurpar terrenos del curador, haremos una escogencia de algunas obras para hablar de ellas, si el tiempo y el entusiasmo nos alcanza. Por ahora dedicaré este vistazo crítico a una obra en particular, porque logró conmoverme y hacerme confiar de nuevo en el arte contemporáneo, pues dado la cantidad de obras que hoy se han vuelto a la fuerza “prácticas relacionales”, sobre todo en nuestro contexto colombiano, hemos visto reducido el arte a simple plotters, fotografías de muy mala calidad pegadas en la pared, de lo que fue un proceso. El arte parece demasiado confiar en los procesos y lo que nos expone solo son tristes y desafortunadas imágenes de lo que fue eso. Ojalá varios de nuestros jóvenes artistas pudieran ver obras como la de Garaicoa, para que puedan ver que el arte aún se puede hacer con calidad.




Al ver y experimentar la obra “Fin de silencio” del artista cubano Carlos Garaicoa, sentí que el arte y la materia seguían diciendo algo. Pero ese seguir diciendo algo, no solamente a los expertos, al crítico por ejemplo o a un artista como Germán Arrubla quien me acompañó en el recorrido de la exposición, sino también a un profano como nuestra querida hostelera habanera, Bárbara Urquiza Ramírez quien también se sitió conmovida por la exposición. Pero ¿por qué razón esta exposición nos conmovió y nos emocionó a los tres y quizá a muchos más? Sin más preámbulos echemos un vistazo crítico a esa obra que desde mi punto de vista fue la mejor de la bienal.




En el segundo piso del Centro Wifredo Lam, en una de sus salas, entramos al lugar en penumbra y se nos indica que debemos quitarnos los zapatos. Vemos inicialmente una proyección video en blanco en negro que filma en cámara lenta unos paseantes en contrapicado. Solamente sus pies. En la imagen-vídeo podemos reconocer algunos nombres comerciales en el suelo. Luego vemos una gran imagen como si el artista hubiese tomado un pedazo de suelo de la calle. Se puede ver el deterioro de la calle, las letras dispuestas y, el color grisáceo y envejecido de la calle. Pensé que Garaicoa había reproducido tal cual con granito esos fragmentos de la calle. Pero a nuestra gran sorpresa al caminar sobre ellos, el material era muy suave: al tocarlo descubrimos que eran tapices, a la manera de los antiguos gobelinos. Nuestra sombra se mescla con las sombras tejidas en los tapices. El diálogo de la obra con el espectador es bastante sencillo gracias a la iluminación y la disposición de los tapetes y videos. Eso fue realmente emocionante. El tromp-oeil una vez más volvía a maravillarnos en el arte. Pero ese artilugio técnico realizado solamente por expertas máquinas y operarios (sin duda no fue el artista quien los hizo), no es todo lo que nos sorprende. Más allá de la excelente factura, lo que sorprende es la  carga conceptual que se convierten en un dispositivo plástico-crítico.




La instalación está conformada por vídeos que nos muestran los nombres de esos antiguos almacenes y varios tapices de gran formato que están dispuestos sobre el suelo; cada uno de ellos, hace referencia a algunas de firmas de antiguos locales comerciales de La Habana, que estaban escritos sobre granito. Pero tales nombres han sido reemplazados (aunque guardando la misma tipografía), por otra frases que tienen una gran carga simbólica: El Volcán Estallará Iluminados Esperamos,  La LuchaFin de Silencio, Sin Rival-Sin MiedoPensamientoSin rival y Reina. Estos textos, como pudimos comprobarlo, hablan particularmente al habitante de la habanero, pues él, como en el caso de “Bárbarita”, reconocía inmediatamente la calle y sobre todo creaba un vínculo con la nueva frase. Sin embargo está obra es universal. El artista al escribir la La lucha es de todos, hace referencia a ese viejo lema que es ya ideológico en sí mismo y que vuelve a poner en evidencia la idea de la utopía del pueblo como vestigio y ruina, elementos estos característicos en la obra de Garaicoa.


 Fin de silencio, alude al nombre de un almacén que se llamaba Fin de siglo. Aquél almacén de marca que ya no existe en La Habana, se hace referencia a la comunicación. ¿Cuál silencio? ¿Qué se dice? ¿Se escucha algo? Son preguntas que surgen entre otras para complejizar esta obra. Con la misma tipografía, el artista logra mostrarnos la continuación de una serie de trabajos que comenzó en 2006 donde el espacio público y la urbano arquitectural fue el pre-texto para la intervención sobre fotografías de rótulos y suelos de calles y plazas de la ciudad habanera. Esta instalación nos habla de un contexto particular, donde el comercio privado ya no existe como antes en una economía frágil como la cubana esperanzada desafortunadamente en el turismo a causa del bloqueo económico, donde la política se emparenta a la arquitectura, que se restaura, se edifica, se arrasa, se conserva o simplemente se deteriora y cae en ruina. Esta obra de Carlos Garaicoa, es sin lugar a dudas una de sus obras magistrales. Es lo mejor que yo he visto en estos últimos tiempos, no solamente por su factura (insisto en ello) sino también por su sugerente carga conceptual.

Ricardo Arcos-Palma.
La Habana. Mayo del 2012.
fotos: Archivo Arcos-Palma.

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