sábado, marzo 14, 2015

Vistazo Crítico 133: Oscar Murillo: Condiciones aún por titular.

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OSCAR MURILLO: CONDICIONES AÚN POR TITULAR.
Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia.

Oscar Murillo, artista colombo-británico expone su obra Condiciones aún por titular en Bogotá. Comisariada por María Belén Sáez de Ibarra, esta exposición coincide casi simultáneamente con tres grandes proyectos del artista: uno exhibido en el Centro Cultural Daoiz y Velarde en Madrid durante la feria ARCO donde el artista demostró, con obra inédita “¿De marcha una rumba? No, sólo un desfile con ética y estética”, que está muy conectado con las corrientes del arte contemporáneo y estuvo realmente a la altura de la exigencias de este. El segundo en el MOMA de New York, uno de los templos del arte contemporáneo, donde Murillo muestra su obra titulada “Lessons in Aesthetics and Productivity” dentro de la exposición colectiva “The Forever Now: Contemporary Painting” curada por Laura Hoptman donde se hace un paneo de la pintura en el siglo XXI. Y por último en la próxima versión de la Bienal de Venecia comisariada por el curador nigeriano Okui Enwzor quien ha estado al frente de importantes centros y eventos culturales en Europa y Estados Unidos y quien recientemente elogió la presencia de Murillo y su proyecto artístico “Frecuencias” desarrollado en varias escuelas públicas alrededor del mundo principalmente en África y Latinoamérica con la intervención directa de escolares en su telas. Aunque el proyecto aún está en proceso hace prever un éxito anticipado en Venecia. 

Con esto se termina espero, de una vez por todas con el chisme, muy colombiano por cierto, de que Murillo es un artista aparecido e inflado por los intereses de un mercado local que no conoce del arte. Pues la prensa, blogs y las revistas people al peor estilo sensacionalista (qué lastima que la Revista ARCADIA caiga en este tipo de periodismo) se centraron más en rumores sobre la figura y al condición racial y su origen social del artista que en su obra misma; en nuestro medio, de la mano de Halim Badawy, que aunque es un excelente investigador e historiador, parece no estar muy sintonizado con lo que sucede en el arte contemporáneo internacional y Lucas Ospina quien se ha destacado en los últimos años más como un periodista cultural que como artista. Pero bueno para no caer en ese mismo chismorreo y sensacionalismo banal que desplegó una feroz seudo-crítica sobre la obra sin conocerla, reclamo profesional que exigí desde el inicio del affaire Murillo en Colombia, desarrollaremos este vistazo crítico destinado a ver y analizar la obra de uno de los artistas más importantes del momento. Pero antes hay que aclarar algo, rigor profesional lo exige, que para realizar este vistazo crítico fue necesario visitar la exposición al día siguiente de la inauguración, pues todos sabemos que durante la inauguración y además de un artista tan mediatizado como Murillo, atrajo mucho público dónde no faltaron los incautos espectadores que confundieron su obra con la de la artista Vicky Neumann  que inauguró también su obra al mismo momento.



Al entrar en la sala de exposiciones donde está exhibida la obra “Condiciones aún por titular” nos encontramos frente a una mesa metálica con un orificio  en unos de sus extremos que sirve de sifón. Esta mesa parece estar cubierta de un mantel y de hecho semeja una mesa dispuesta a un banquete. Pero inmediatamente pensamos en esas camillas que sirven para realizar las autopsias donde trabajan los médicos forenses, sobre todo cuando vemos descubierta la otra mitad. Pero ahí no hay cuerpos sino una gran tela negra conformada por retazos. En la tela hay varios matices de negro y grafismos propios del raspe y gane: un signo distintivo en la obra de Murillo. La tela está cuidadosamente doblada en sí misma tapando buena parte de la mesa-camilla y dejando al descubierto la otra mitad donde está el sifón. La lectura es más que clara y evidente: un cadáver, donde el negro como color predominante será sometido o ya lo fue a una autopsia. Las condiciones de lectura están dadas y condicionadas de entrada. Nosotros como espectadores no podemos hacer una lectura diferente a la asistir a espacio donde la necrología se relaciona con el arte, en este caso con la pintura pero al mismo tiempo con las tensiones culturales que nos atraviesan. ¿Cuál es el cadáver? ¿La pintura? ¿La condición de lo negro y lo oscuro como el color de incomprensión y que ha materializado una cierta idea del mal opuesto a la pureza y lo inmaculado de lo blanco, que ha simbolizado durante siglos la esencia de la exclusión racial y la esencia de la riqueza con las plantaciones de azúcar ? Por ahora es un poco aventurado responder estas preguntas, pero sigamos el recorrido que nos plantea el artista. 


Otra camilla metálica soporta una tela similar a la anterior. A sus patas, en el suelo, una gran tela negra plegada y doblada con cuidado, crea un diálogo entre este objeto y el anterior que hemos descrito. Aparece una especie de proceso lineal donde las telas van tomando la forma de pieles. Al fondo de la sala un gran tela formada de retazos, igualmente conformada de matices de negro; con un agujero rectangular recortado parece una especie de ventana. La tela está suspendida del techo desde dos extremos. Aquí sobre todo en esta pieza, la pintura deviene objetual casi escultórica. Podemos ver sus dos caras y los pliegues que forma.


Encontramos otras telas colgadas de la pared. Una de ellas con más colorido que parece ser una piel animal colgada del techo. Otras pinturas, similares a las negras del suelo están colgadas o “mal colgadas” adrede. Lo que genera una especie de cuestionamiento a la idea de pintura como objeto decorativo, los marcos y cuadros han desaparecido. Estas pinturas negras de Oscar Murillo, crean una extraña coincidencia con las de Goya e insisten en un relato para nada consensual y para nada agradable. Aquí hay una respuesta, un alegato que instala un verdadero disenso. No son obras que desean seducir al espectador. Por el contrario hay una especie de rechazo. Siniestro diría Freud sin lugar a dudas, es decir, extrañamente familiar. Es en estos términos que la obra de Murillo se deja atrapar: nos atrae porque encontramos en ella algo de “familiar” pero al mismo tiempo nos rechaza pues es “extraña” en esos relatos de familia. 





Otras piezas como “Retirada” situada en el lado opuesto de la sala nos hablan de esas historias de familias: por una lado la historia familiar de Murillo que es de una u otra manera la historia de los trabajadores en Colombia descendientes de esclavos e indígenas y la historia de otra familia los Caicedo descendientes del Alférez Real de Cali que en 1600 eran dueños de grandes extensiones de tierra con sus habitantes valga la pena recordarlo; los Caicedo obtuvieron en la época Republicana cédulas reales por mayorazgo los que les hacía acreedores de la Hacienda La Paila que colindaba con sus antiguas propiedades donde hoy están los municipios de Zarzal, Bugalagrande, Andalucía, Caicedonía y Génova. En la época moderna, desaparecida buena parte de esa heredad colonial el descendiente de los Caicedo aún con poder económico compra grandes terrenos cercanos al Río Paila donde traslada su empresa Ríopaila que en 1931 conoce su primera huelga de trabajadores de cortadores de caña. Los ingenios azucareros herederos de la economía colonial tenían y aún tienen hoy fuertes lazos con el esclavismo. Resta ver las huelgas de trabajadores de coteros de caña en la región que ya el artista Fabio Melecio Palacios había trabajado en su obra. De esta manera los Caicedo devienen los fundadores de una de las empresas más exitosas en Colombia y el exterior fundada en plena hegemonía conservadora en 1927, en la misma época en que José Eustasio Rivera escribiera La Vorágine (1924), obra magistral que narra el problema del trabajador en las cuacherías selváticas y cuando el presidente conservador de Colombia Miguel Abadía Méndez se disponía a sofocar el movimiento obrero y cerrar los ojos frente una de las represiones más feroces y atroces dentro de la lucha obrera en Colombia conocida como "La Masacre de las Bananeras" en Urabá (1928), es decir en pleno periodo conocido como “La danza de los Millones", donde la propiedad privada desconoce los derechos fundamentales de los trabajadores.



Volviendo a “Retirada”, vemos unos formularios de empleo de la empresa Colombina S.A. fábrica de dulces instalada particularmente en el Valle del Cauca, que se instala en 1968 en el Corregimiento de La Paila del Municipio de Zarzal en el Valle del Cauca, con población mayoritariamente negra. Población de donde proviene la familia de Murillo. Intervenidos con unas cuadriculas rojas, que aparecen con mucha frecuencia en la obra del artista. Ya es una constante si recordamos su intervención en la BIACI en Cartagena, cuando él dispuso unos pliegos de papel en el suelo sujetados en cada uno de sus extremos con masas de maíz. Ahí parecían esos grafismos que parecen baldosas, sacadas de un juego de ajedrez o damas chinas. La idea del raspe y gane como una especie de apología del juego de azar y del Chance, está aquí implícita, donde la suerte parece ser la única opción de futuro. Vemos una fotografía de una mujer negra y reconocemos a la madre del artista quien fuera empleada de esta empresa de dulces.

Al entrar a la pequeña sala contigua, vemos una serie de piezas que aluden a los trabajadores de la empresa: overoles blancos colgados de ganchos de ropa en un ropero metálico. A sus espalda vemos una imagen estampada que Murillo ha utilizado ya como un símbolo muy propio: un corazón negro, con ojos rosa que parecen una máscara y un corazoncito rojo cerca de uno de los ojos. Otros overoles están en el suelo, cuidadosamente doblados como aludiendo a esos personajes  “retirados” de sus empleos. Una serie de dibujos y tiquetes enmarcados en vidrio de seguridad reposan en el suelo contra la pared en un rincón de la sala: ahí vemos un chef de cocina negro en un anuncio publicitario “Cream Wheat”, Cheesse Bread” “Moca". Retirada alude a la idea de la precariedad del empleo y a una salida precabida de una condición dificil.



 

Es necesario ahora recordar la primera exposición individual de Oscar Murillo en New York quien utilizando de manera muy inteligente a la empresa Colombina S.A. logró abrir su fábrica de dulces en la galería del barrio Chelsea en Manhattan de David Zwirner. El artista llevó varios de los trabajadores de esta empresa que fabricaron los dulces que normalmente la compañía produce. Aquí Murillo puso el dedo en la llaga y de ahí despertó amores y odios en su país de origen Colombia. Su obra desde el inicio es un cuestionamiento al problema de la globalización, la precariedad del empleo  y a las condiciones lamentables de los trabajadores en el mundo y en particular en nuestro país que aún están sujetos como objetos dentro de una economía feudal que remonta a la idea de la propiedad privada con fuertes raíces coloniales. Al instalar esa fábrica en el corazón del arte y en el centro del mundo capitalista, Murillo abre una puerta sobre el asunto del consumo en una sociedad donde aún los placeres de unos vienen mediados por la precariedad y el malestar de otros. Esto no lo entendió el famoso crítico de arte Jerry Saltz,  aunque su esposa Roberta Smith fue un poco más complaciente con esta obra. Pero lejos de los testimonios de los eminentes críticos del arte newyorkinos, que no se dieron cuenta que el sabor (de la explotación) es infinito; por lo tanto la obra de Murillo continuó despertando mucho interés y particularmente en mí.


“Condiciones aún por titular” es una bofetada a una sociedad “racista y clasista” como la colombiana tal y como lo dijo el artista el día de la inauguración de su exposición. Por lo tanto es comprensible que sea una obra incomoda, difícil de digerir  y aún difícil de asimilar y “convencer”. Hay una imagen enmarcada por una ventana en la sala de exposiciones: una reproducción de un cuadro que representa a un niño negro que sostiene un planto lleno de pescado. Esta imagen Murillo la encontró, según sus propias palabras, en una lugar burgués al norte de la ciudad. Y se convirtió en el detonante de esta exposición, que es una de las más contundentes políticamente hablando de este comienzo de año en Colombia y quizá de los últimos tiempos junto a obras de José Alejandro Restrepo por supuesto y de la generación posterior como Fernando Pertuz, Nadia Granados, Germán Arrubla, José Orlando Salgado y Álvaro García Ordoñez. Ahora si quizá usted lector, pueda responder las preguntas que enuncié al final de tercer párrafo de este vistazo crítico u otras que usted mismo se haga. Para concluir, esta exposición es una excelente reflexión plástica sobre el estatus de la pintura contemporánea y con una fuerte carga conceptual en la relación arte y política.

Ricardo Arcos-Palma
Bogotá, 14 de marzo del 2015.

Recorrido por la exposición de Oscar Murillo en Vistazos Críticos:


Una novela mercántil.




jueves, marzo 12, 2015

Vistazo Crítico 132: Mario Vélez: Canto Rodado.



MARIO VÉLEZ / CANTO RODADO
Galería Christopher Paschall

En Colombia hay un debate aplazado: la pintura no ha muerto. Inexplicablemente y sobre todo a partir de la década de los 90 del siglo pasado y, quizá haciendo eco a la sentencia de Charles Saatchi, quien por aquella época decidió no seguir coleccionando pintura, en nuestro país comenzó una guerra sin cuartel contra la pintura, borrándola prácticamente del escenario del arte contemporáneo. Esto que de una u otra manera contribuyó a desprestigiar a la pintura en nuestro medio, en Europa y Norte América la cosa fue diferente pues la pintura sí tenía un lugar dentro del arte contemporáneo. Artistas como Mario Vélez, más conocido por su trabajo en el extranjero que en Colombia, sigue trabajando alrededor y en la pintura, pero problematizándola de manera inteligente con el espacio, con el tema, con la técnica misma y acentuando un aspecto conceptual que le aleja de un virtuosismo banal.



 




Vélez expone su más reciente obra Canto Rodado, en la Galería Christopher Paschall en Bogotá.  Encontramos en ella grandes formatos con una paleta de colores tierras, sienas, dorados, grises y verdes que representan la relación del individuo con la naturaleza y el cosmos. Un tema en principio muy difícil de representar. Por ejemplo en el tríptico “Fragmentos de tiempo” (2013-14), observamos una serie de formas como si fueran embriones o huevos rojos y amarillos y violetas sobre un fondo siena casi naranja que acentúan el carácter natural y orgánico de sus obras, que se enmarcan mucho más allá del abstraccionismo. Aquí hay una fuerte reminiscencia a la obra de Francis Baco, solo que ya no hay  figuras humanas o animales. Las únicas figuras son esos “huevos”.



Pero observando toda la exposición nos damos cuenta que en realidad no son huevos sino formas que aluden a las rocas y a las piedras. De hecho, la exposición arranca con una video donde podemos ver una mano que hace rodar unas piedras de río. El sonido que se produce del choque entre las piedras es amplificado en todo el espacio donde está este vídeo acompañado de unas obras escultóricas donde hay en una de ellas una urna que contiene una enorme piedra que tiene la forma semejante a las que pinta Vélez. La piedra se puede tocar gracias a dos orificios que hay en la urna de cristal que la cubre. Una extraña sensación se genera en nosotros, cuando tocamos la piedra, vemos el vídeo y escuchamos el chocar de las piedras. Ahora sí podemos comprender pinturas como “Silencios estelares” (2013-14) en las cuales encontramos una referencia a esas mismas rocas que se generan un diálogo armónico entre ellas mimas e insistiendo en que el silencio es en verdad una manera de anudar la depuración o decantación de los sonidos y no la ausencia de sonido como se pensaba erróneamente.


En otros espacios de la galería encontramos unos objetos escultóricos titulados: “poscolombinos” (2014), piezas verdaderamente magistrales que juegan con la idea de un periodo posterior a la cultura colombina. El artista Oscar Murillo estaría muy feliz de ver esto: unos monopatines de color grisáceos como la piedra, sirven de soporte a algunas piedras de río y algunos huevos dorados. Es como si esas formas que Vélez pinta en sus cuadros salieran de la tela para materializarse en estos objetos que están en el suelo o en una urna de cristal, preciosamente exhibidos como si fueran objetos que dialogarían con los precolombinos. Hay en estas obras un sutil humor que nos roba una sonrisa, algo que en verdad hace falta en la gravedad del arte contemporáneo.


 

Al ingresar a la sala principal de la galería nos encontramos con una buena cantidad de obras de gran formato “Péndulos”, “Universo oscilante en paralelo”, “Vibraciones angulares” entre otras tantas que nos recuerdan que el universo tiene una peso, pero que ese peso  puede aligerarse. De hecho uno como espectador se siente ligero en esa experiencia. Aún más cuando esa ligereza se acentúa con una buena cantidad de piedra que están dispuestas en el suelo, lo que condiciona nuestro recorrido que zigzaguea; nuestra percepción es distinta y la experiencia estética se hace más enriquecedora. El rodamiento ahora lo sabemos, se convierte en una prolongación de la materia que terminando dando la forma a esas piedras. El rodar de los años las va puliendo. Es el tiempo que interviene en esa talla constante.

   

A esto me refería cuando abrí este texto. Este tipo de obras que problematizan la pintura, enalteciéndola y, que van más allá del cuadro sin despedazarlo, sin borrarlo del espacio logran ponernos a pensar y sentir más allá de un simple y banal acto de contemplación. Cantera, decantación, canto, rodamientos, todo un universo plástico  que nos hace descubrir Mario Vélez, quien a partir de ahora, será recordado en nuestro medio como un excelente artista que conquista Bogotá.

Ricardo Arcos-Palma.
Bogotá, enero del 2014.
Este texto será publicado en ArtNexus.



viernes, marzo 06, 2015

Vistazo Crítico 131: ARCOLOMBIA o el oculto encanto del mercado del arte.


ARCOLOMBIA O EL OCULTO ENCANTO DEL MERCADO DEL ARTE.


La prensa española y la prensa colombiana, que es la misma cosa después de que el GrupoPrisa (comprara derechos en la prensa nacional particularmente el diario El Tiempo), han elogiado la Operación Colombia en ARCO. Carlos Jiménez con la lucidez que le caracteriza anunciaba como la hija menor (Colombia vía ArtBo) llegaba al rescate de desahuciada Feria de Arte ARCO: Ministerio de Cultura, Ministerio de Relaciones Internacionales y Embajada de Colombia en España despliegan una estrategia muy fuerte para la conquista cultural colombiana en La Madre Patria. Jorge Peñuela insiste desde de la Academia y hasta el cansancio como el arte hoy ha sido legitimado y ha sido coaptado por el mercado. De otra parte un galerista tan importante para el desarrollo del arte contemporáneo en Colombia como Jairo Valenzuela y participante en ARCO, señala la complicidad de ciertos gestores culturales como María Willis (del Banco de la República) por ser juez y parte de esta estrategia comercial, siendo ella parte importante de una galería y al mismo tiempo artífice de la organización donde por supuesto, afirma Valenzuela, se favorecieron varios de sus artistas. Todo esto enmarcado como no, dentro de la agenda  y estrategia diplomática (aquí Valenzuela coincide con Jiménez) del actual presidente Juan Manuel Santos que se subió en este tren de la cultura para insistir que el proceso de paz en Colombia es un proyecto de un país en desarrollo cultural y comercial por  supuesto. Es decir que esta es la nueva realidad del arte y la política donde aparece el recalcitrante arte cortesano a la antigua usanza de la época de los reyes. Caramba pero que acabo de decir, esto si que no me lo perdonarán nunca. La ausencia de artistas comprometidos políticamente con la realidad nacional como José Alejandro Restrepo ha levantado también serias dudas sobre la objetivad de la agenda ARCOLOMBIA. Sin duda como lo dice Valenzuela, al Presidente de la República de Colombia ni a los Reyes de España les hubiese gustado que se hable de los paramilitares, de la violencia en Colombia etc, etc es decir que se "hable mal" del país. Obras como las de Nadia Granados o la de Fernando Pertuz tampoco hubiesen entrado dentro de esta agenda comercial y  diplomática, pues sus obras señalan una y otra vez las tensiones sociales que existen en el país.

Si embargo, ARCO tuvo muchas bondades sin duda: reconocimiento a la labor cultural de personajes como Celia Birbragher directora de ArtNexus quien fue galardonada con el Premio A de las artes, luego de una labor de más de 36 años. También a una coleccionista privada,  la colombiana Katherine Barón que si bien su nombre no ha sido muy reconocido a nivel nacional, su colección es muy arriesgada al coleccionar artistas mujeres en su mayoría y performance por ejemplo. Otro de los aspectos a destacar es la presencia de grandes artistas entre ellos María José Arjona, Oscar Murillo, Oscar Muñoz, Miguel Ángel Rojas entre otros. De los grandes colados el artista Iván Argote, que sin ser invitado se destacó con su obra Messagers. Hubo otros colados menos afortunados que no nombraré pero que además de recibir mucha vitrina en Colombia, su obra pasó desapercibida en el medio madrileño. Y lo positivo también de este evento fue hacer visible parte de la colección privada del colombiano José Darío Gutiérrez que confió su colección al curador Santiago Rueda quien elaboró una excelente exposición en el Instituto Cervantes titulada “Autorretrato disfrazado de artista: arte conceptual y fotografía en Colombia”. La exposición Acorazado Patacón, exposición curada por Juan Sebastián Cárdenas y Daniel Silvo para La Tabacalera, mostró obras de artistas emergentes como Paulo Licona, Felipe Arturo, Elkin Calderón, Natalia Castañeda entre otros, y esto fue más bien positivo.

Otro elemento positivo de ARCO fue el hacer visible ferias alternativas como JustMad6 donde Colombia también tuvo presencia en Off Axis Colombia comisariada por el colombo-británico Ramiro Camelo. Donde se pudo apreciar a artistas como Maquiamelo, Karen Aune, Andrés Moreno Hoffman, Ana María Gómez, Aira Henao y Guillermo Londoño entre otros. La presencia de artistas colombianos en esta feria fue significativa en número más de cuarenta artistas. Mucho más que en ARCO y de anotar que este proyecto no contó con un solo apoyo económico de la delegación Colombia en Madrid. Ni siquiera el Embajador de Colombia en España Fernando Carrillo Flores se dignó a pasar y tampoco los dejó entrar en la fiesta programada para la delegación colombiana en ARCO olvidando que una Embajada es un territorio nacional que cualquier ciudadano oriundo de ese país puede pisar.

Ahora bien algo que me interesa discutir en este vistazo crítico y que de una u otra manera ya se ha venido discutiendo fuertemente en las redes sociales particularmente en Crítica Pública, un espacio que coordino en Facebook, es el poder pensar el asunto de la legitimidad del arte contemporáneo en el país, legitimado por el mercado; cosa bastante complicada. Si bien el arte no riñe con lo comercial, sería absurdo pensarlo de esta manera, parecería que el arte contemporáneo cada vez más está bajo la misma óptica. El pasado Salón (Inter) Nacional de Artistas desarrollado en Medellín ya levantaba esta suspicacia. Si bien este salón lo  dije en su momento y aún lo sostengo, fue excelente, preocupa la presencia descarada de las galerías de arte y sus artistas, como si el salón se hubiese convertido en una extensión de los ferias de arte. Y es aquí donde dejo sentada mi posición. Que una feria comercial como ArtBo, ARCO u otra sea comercial eso es legítimo y sería absurdo cuestionar esto. Pero que los eventos artísticos (Salón nacional incluido) hayan ingresado todos bajo la óptica del mercado, esto si es altamente problemático. Por que esto determina que los artistas que no hayan vendido su alma la diablo, o dicho de otra manera no estén “representados” por un galerista y no tendrán visibilidad dentro del mundo del arte.

Es aquí donde creo yo, que nuestros gestores culturales, los que están al frente de nuestras instituciones deberían tener mucha precaución. Claro estamos inmersos en un mundo capitalista donde sin dinero no se puede hacer nada relevante, al parecer. Sin embargo, el mercado tiende a anestesiar las practicas críticas tal como se  vio en ARCO. Por ejemplo, un Antonio Caro con su propuesta “TODO esta muy CARO en Madrid”, completamente anestesiado en esta anestésica (Buck-Morss) en la que estamos inmersos y exhibido en el exclusivo mercado San Anton, donde hay excelentes restaurantes y donde los que va a comer allí no les importa que todo esté muy caro. De hecho el maestro Caro no dialogó y ni se enteró del movimiento estudiantil que protestaba contra la privatización de la educación ,“2+3: No! Es Caro Y Clasista” al mismo tiempo en que se exponía su obra. Esto demuestra el anesteciamiento del “arte crítico” que pretende hablar de una situación social. Más sentido hubiese tenido la obra de José Alejandro Restrepo que habla del conflicto en Colombia pero como todos sabemos no fue convocado por la sencilla razón “que hablar mal del país” en un vitrina comercial es considerado por el glamur del arte de muy mal gusto.

Los artistas en Colombia están seducidos con el oculto encanto del mercado del arte y esto puede ser complejo sobre todo cuando este encanto puede ser un canto de sirena. Amanecerá y veremos pero esperamos y confiamos que el arte que se desarrolle en el país no claudique enteramente a las leyes del mercado. Sobre todo el políticamente comprometido. Los demás,  que vendan hasta el alma, están en su legítimo derecho.

Ricardo Arcos-Palma

Bogotá, marzo 6 del 2015.

Vistazos Críticos Audiovisuales cumple 7 años

Los cumpleaños no siempre son dignos de celebrarse, pero el proyecto de Vistazos Críticos Audiovisuales cumple ya siete años de existen...